Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

19 nov 2011

EL SILENCIO

EL SILENCIO
Mi profesora de primaria se llamaba Irene.  En tan solo unas semanas se ganó el cariño de todo el pueblo. De gran vitalidad, no paraba de hablar. A nosotros nos hacía mucha gracia porque se le notaba a la legua que venía de Madrid. Ese deje, era inconfundible. Al principio sospechamos que sería otra profesora de capital que venía a pasar el año y luego desaparecería, como las otras, que no consiguieron adaptarse al lento ritmo del pueblo, a la soledad, el frío y el largo invierno, por no hablar de las innumerables tardes sin electricidad ni luz que los temporales tantas veces provocaban. Sin embargo con Irene no fue así. Yo la veía por aquel entonces como una mujer mayor, guapa y divertida. Ahora sé que no tendría más edad de la que yo tengo en este preciso momento.
Irene llevaba unos años, pocos, ejerciendo como profesora de apoyo en colegios de la Comunidad de Madrid, sin embargo, cansada de la ciudad y con ganas de dar un giro a su vida, decidió optar por la primera plaza que le fuera concedida fuera de la capital. El destino quiso que le tocase en nuestro pueblo.
Cuando salieron las listas, leyó su nombre: Irene Serrano Martín y al lado la población Linares de Mora. No tenía ni idea de donde caía, siguió con el dedo una línea imaginaria que enlazaba esa localidad a la provincia: Teruel. —¿Teruel? —Se preguntó mientras intentaba con cierto esfuerzo situarlo en un mapa geográfico mental—hacia el Norte… más o menos…

En cuanto llegó a casa tecleó “Linares de Mora” en Goggle y leyó “Habitantes: 315 Altitud: 1.311metros — me temo que me voy a pelar en invierno—pensó. Perteneciente a la Comarca de Gúdar-Javalambre en la provincia de Teruel. ¿Comarca? —Se preguntó. Pensó que nunca antes había utilizado ese término, excepto en el contexto de El Señor de los Anillos, el libro preferido de Joan, y eso le hizo gracia. En breve vivirían allí, en “La Comarca de Gúdar—Javalambre”. Me gusta el nombre. Se prometió investigar la procedencia del nombre, como profesora de Lengua, era lo mínimo que podía hacer, y además —intuyó—tendría mucho, pero que mucho tiempo para hacer eso y muchas otras cosas más.

Que Joan, su novio, se fuera con ella, no fue ningún problema. Estaba estudiando oposiciones y le daba igual hacerlo en un lugar que en otro. De hecho, veía Linares de Mora como el sitio perfecto.

Cuando Irene y Joan llegaron, la Directora del Colegio, la señorita Azucena, les hizo de Guía. No tardó más de media hora. La Señorita Azucena era de Bilbao, era la única profesora que se quedó a vivir en el pueblo. Aunque vestía bien, siempre era muy sobria, en todas sus facetas; su comportamiento, en la forma de hablar y de vestir. La expresión de su cara se conjugaba entre enfadada y triste. Algunos dicen que la abandonaron en el altar y que por eso se vino a este pueblo, para olvidar y nunca más volver a ver a su amor. Habladurías de pueblos.

Yo fui el primero de la clase en conocer a la señorita Irene. Cuando mi padre se fue, nuestra casa la dividimos en dos. Abajo vivíamos mi madre y yo y la parte de arriba, la solíamos alquilar por años a justamente profesores que la diputación nos mandaba cada año. Cuando la señorita Azucena nos presentó a Irene y Joan a mi madre y a mí, Irene me estrechó la mano, se agachó poniéndose a  mi altura y me dijo:  

—Tú eres el primer alumno que conozco. ¿Sabes que el primer alumno nunca se olvida?- Y desde ese mismo momento me enamoré absolutamente de ella.

—Y ahora a disfrutar y conocer la comarca, que es maravillosa— Les dijo la Señorita Azucena— Nuestro pueblo está rodeado de bosques verdes y paisajes montañosos que merecen la pena visitar. Todavía quedan más de dos semanas para que el curso de comienzo así que os dará tiempo de sobra para instalaros. Y ya os dejo solos, no quiero molestaros, que me voy pareciendo cada vez más a las viejas de este pueblo que no paran de hablar. ¡Sed bienvenidos! Y recordar que estáis muy lejos de la capital, el ritmo aquí es diferente… hasta el silencio es diferente…

Irene y Joan se amoldaron estupendamente. En pocas semanas ya conocían a todos los habitantes de Linares. Como vivíamos tan cerca, yo hice muchas veces de Guía. Ir con ellos por la calle y llegar a casa, nos llevaba horas, pues se paraban a hablar con cualquier persona que pasara por su lado. Me encantaba estar con los dos. En las tardes que no había electricidad ni luz, Irene y Joan sacaban velas y jugábamos a las películas, representábamos obras de teatro o molestábamos tantas veces a Joan en su habitación, que él finalmente dejaba de estudiar y nos leía cuentos en voz alta.

Mientras Irene estaba en el colegio, Joan colaboraba en el ayuntamiento. En pocos meses consiguió traer Internet al pueblo. La mayoría del pueblo activo hacía cola pacientemente para utilizar los dos ordenadores que el Ayuntamiento disponía y hasta Joan llevó el suyo allí al menos unas horas, mientras él en casa se empollaba los temarios de la oposición.

 Y llegó la Navidad. Joan pertenecía a la comisión de festejos e hizo venir a los Reyes Magos al pueblo, todos los niños estaban como locos. Irene creó con todos los alumnos del colegio un Belén viviente y esto hizo que muchas personas de los pueblos de alrededor,  vinieran. Incluso el periódico de la Comarca nos visitó para hacer un reportaje. Irene y Joan consiguieron instaurar otra tradición: la noche del 31 de Diciembre, todo el pueblo, niños, mayores y ancianos, nos juntamos en la plaza para comer las uvas guiándonos por el reloj del consistorio. Pasamos frío pero fue una de las noches más divertidas de todo el año. Después hubo baile hasta la madrugada y finalmente hubo chocolate con churros para todos los vecinos y visitantes.

La Semana Santa llegó volando y Joan se fue a Madrid a examinarse. Todo el mundo le dio ánimos los días anteriores y hasta el párroco de la Iglesia de la Inmaculada pidió por él en su misa de “a doce”. Todos lo hicimos.

Irene nos contó que examen le fue fatal pero que aún así Joan estaba animado y deseando volver al pueblo. Dijo que Madrid estaba plagado de coches, ruido y su cielo, era una enorme nube gris que acechaba constantemente la ciudad. Luego Irene nos explicó que a lo que se refería su novio era a la contaminación. Sin embargo Joan nunca llegó al pueblo, al menos, no vivo. De camino a Linares, se quedó dormido y acabó chocando con un coche de frente.

Irene nunca quiso volver a Madrid. Todos los esfuerzos de sus familiares y amigos por tratar de hacerla volver a casa, fueron en vano. Joan fue enterrado en el cementerio del pueblo. Irene nunca volvió a ser la misma. Envejeció enseguida, su cabello se pobló de canas y sus facciones se endurecieron, quizás por el frio del otoño y el hielo de invierno. Quizás porque nunca más volvió a sonreír. Años después, mi madre y yo nos mudamos a Teruel y vendimos la casa a Irene.
Ahora es ella quien alquila la casa a los profesores que vienen al colegio. La señorita Azucena se jubiló e  Irene ahora es la Directora. Yo suelo ir con mis hijos y mi mujer al pueblo de vez en cuando y siempre voy a verla. Cuando llamo a la puerta y la abre, siempre tengo que explicarle quién soy.

Cuando ya me reconoce, me deja pasar y tomamos un café. Ella no habla mucho; yo, sin embargo, le hablo de lo mucho que me acuerdo de Joan y los tiempos en los que él vivía. Ella me escucha, casi sonríe, se levanta, señal de que es hora que me vaya, y mientras la sigo camino de la puerta, la oigo susurrar:

—Ahora todo es diferente—hasta el silencio es diferente.

16 nov 2011

UNA DE ZOMBIES


 

El programa de intercambio cultural entre algunos institutos de Sevilla y Santiago de Compostela, y una lumbalgia de la profesora de Lengua, no sólo me chafaban mis vacaciones a Praga con Enrique, si no que me obligaban a ir a Sevilla como tutora adjunta de dos clases de primaria con otras tres profesoras más que podrían ser mis abuelas y para colmo, en Semana Santa. Yo, que nunca he sido muy religiosa, odio el calor y no soporto el acento del sur. Pero claro, esto no lo podía argumentar para no ir. Demasiado que me habían contratado a sabiendas que no era católica practicante.
De solecito sevillano, nada, se pronosticaban lluvias, y eso era algo que arruinaría gran parte de la fiesta y las procesiones. En mi interior, rogué por que lloviera todo el día y eché a la maleta un par de libros por si mis ruegos eran escuchados.
La verdad es que colegio religioso o no, los niños eran niños, y estos eran mi pasión. Fue muy divertido el viaje en avión. Cuando llegamos al hotel de Sevilla, allí nos estaban esperando el director del colegio Diocesano San Juan Bautista que nos condujo después de dejar las maletas al primer evento del programa.
El sol lucía fuerte (malditos meteorólogos) y la primera en la frente, nos dirigíamos al colegio pues allí se iba a desarrollar la procesión de la hermandad del colegio, pero ésta era muy peculiar, pues era el primer año que formaban parte, los más pequeños, los de infantil, es decir, los niños de 3 a 6 años.
Era como las procesiones que veía en la tele pero mucho peor. Con sorprendente seriedad, En el patio del colegio, en medio de las canchas, salían los niños vestidos de nazarenos con capirote incluido. Todos llevaban el mismo paso, despacio y con cierto vaivén acompasado. Eran como unos treinta niños. En el medio, algunos de ellos llevaban a hombros la imagen de un Cristo cargando la cruz y también la de una Virgen. A la cabeza del grupo, estaban tres niños vestidos con traje de terciopelo negro con bordados, corbata y una gran medalla en el pecho. El de la izquierda llevaba una enorme vela, el de la derecha desparramaba un incienso dejando el ambiente cargado de un aroma rancio y el niño del medio, iba dirigiendo al grupo con una vara de plata, marcando el paso. La imagen era aterradora. Automáticamente cogí a los dos alumnos que tenía a ambos lado de la mano. Les quería tranquilizar con tan sólo mirarles. Sin embargo casi me asusté al verles tan atentos y maravillados por lo que estaba sucediendo delante de nuestros propios ojos. Reinaba un profundo silencio y mis niños estaban absortos en esa procesión.
Cuando acabaron, el público estalló en un aplauso que nosotros imitamos. Lo que más me sorprendió fue precisamente eso mismo, la efusividad, los vítores, la emoción, el aplauso sincero… de mis alumnos.
Después de la procesión, hubo una presentación de nuestro colegio, y mezcla entre alumnos. En diez minutos mis alumnos estaban compartiendo caperuzas, medallas, repartían incienso, se turnaban para alzar el trono de Cristo. Yo trataba inútilmente de no perder de vista a mis alumnos pero me era imposible. El calor azuzaba y necesitaba ir al baño a refrescarme.
Me miré en el espejo mientras que con una mano me rociaba con agua la nuca y las sienes. A través del espejo veía una puerta de baño cerrada y varios pares de piernas en el interior. No me resultó extraño y hasta me tranquilizó pensar que al menos algunos de esos niños estaban saltándose la procesión, e incluso echando algún pitillo. Sólo pensar en ello me dieron ganas de fumarme uno allí mismo, así que ni corta ni perezosa decidí en apenas un minuto que haría de profe mala, confiscaría el tabaco, les echaría una regañina y ese mismo pitillo me lo fumaría yo para apaciguarme un rato, que lo necesitaba.
Decidida abrí la puerta y me dispuse a echar el grito en el cielo sin embargo lo que vi me dejó sin voz; era una escena aterradora. Había dos niños vestidos de nazareno pero salpicados de sangre. No había cigarro, ni nada que se le pareciera. En la tapa del váter había lo que me pareció un gato, abierto en canal. Uno de los niños, estaba agachado, mordiendo sus tripas… los otros dos me miraban sonriendo, la boca abierta, los dientes podridos, babeando sangre y trozos de lo que suponía carne de gato.
—Cuando acabemos con el gato… te vamos a comer a ti— me dijo uno de ellos. Sin dejar de sonreír. El otro alcanzó mi pierna con un fuerte zarpazo. Sus uñas largas y negras atravesaron mis vaqueros, sentí un profundo dolor por el arañazo y en ese momento el tercer niño que estaba comiéndose al gato, me miró y me dijo gruñendo:
—Espera aquí tu turno, no nos hagas correr, por favor.

Me di inmediatamente la vuelta y salí corriendo hacia el patio. No encontraba una explicación lógica, los putos carniceros no medían más de un metro, y sabía que sus palabras no habían sido tan sólo una amenaza. No sé lo que era, pero estaba muerta de miedo. Sólo quería agrupar a mis niños y escapar.
Cuando salí al patio, el sol me cegó en un primer momento, pero según mi vista se iba acostumbrado a ese sol cegador, reconocí a los padres, que estaban sentados en las gradas viendo lo que se desarrollaba en la pista. Alguno de ellos sacaban fotos. Sangre, vísceras, partes de cuerpo humano mutilados y huesos estaban desperdigados por todo el suelo, . Los pequeños nazarenos, en el centro del escenario, ensangrentados, arremetían los pocos mis niños y las profesoras que quedaban. Se estaban dando un auténtico festín. Lo extraño es que los míos apenas oponían resistencia, se dejaban golpear, morder, destripar, sin apenas un gemido. Una mezcla de olor a carne y sangre fresca con el del incienso me hizo vomitar allí mismo, mientras retrocedía. Topé a mi espalda con algo, que casi me hace caer. Me di la vuelta y allí estaban los tres niños del baño. Uno de ellos chilló al resto “queda esta puta” a lo que un grupo de niños que rodeaban un yaciente cuerpo casi irreconocible, me miró. Seis o siete corrían hacia mí, yo empujé y me liberé de los que intentaron retenerme y conseguí escapar. Me seguían otros niños o lo que coño que fuesen.
Chillando, y riendo a carcajadas, mientras se ponían sus capirotes ensangrentados.  Corrían muy rápido, pero no más que yo. El pánico me dio una energía para correr que jamás hubiera imaginado. Corría entre la multitud, chillando y pidiendo auxilio: “¡Mis niños! ¡mis pobres niños!”. Llegué a una muchedumbre, que atendía una de las procesiones.
-¡Ayudarme! ¡socorro! Han matado a mis alumnos- chillé. La gente me miraba, primero extrañado, luego con desdén: -Un respeto señorita, que está pasando la procesión y eso… ¡eso es lo más grande!
Dos policías me cogieron de los brazos y me apartaron de la calle.
-Síganme, vengan conmigo, pero avisen a más compañeros-les dije intentando tranquilizarme- Es en el San Juan Bautista. Los niños de ese colegio, después de la procesión… Dios mío, pensarán que estoy loca, sé que es muy raro lo que les voy a decir.. pero es verdad, se lo juro, esos niños, los de la procesión, han matado a mis alumnos. Quizás si nos damos prisa, estemos a tiempo de salvar a alguno…

La policía me miró sonriendo. Me tomaron del brazo y me subieron a un furgón. No se preocupe –me dijeron- con nosotros está a salvo. Iremos a echar un vistazo a ese colegio endemoniado. Si es que ya se sabe lo crueles que pueden ser los niños, jajajaja….-Bromeaban y se reían los dos policías, dándose codazos el uno al otro…

Esposada y resistiéndome todo lo que podía, entramos al colegio y nos dirigimos al patio que estaba tal y como lo había dejado unos minutos antes. Uno de los policías se colocó en frente del atril donde hacía unas horas el director nos había dado la bienvenida, y gritó:  
A ver, mocosos. Os hemos dicho decenas de veces que conseguiros un intercambio es una labor muy difícil, por lo cual, cuando se consigue uno, por favor, NO-DEJÉIS-CABOS-SUELTOS. Todos y he dicho TODOS –remarcaba mientras me señalaba- tienen que desaparecer, no podéis dejar a nadie vivo y menos a una profesora. ¡Sois unos inútiles!: Hay poco incienso en el ambiente, apenas se siente cuando entras al patio. Os lo tenemos dicho. ¡Quemar MÁS incienso, el que haga falta! Todos y cada uno de los visitantes tienen que respirarlo, si no, no tendrá efecto…. ¡Venga! que sea la última vez que os traemos el trabajo hecho. Comeros a esa profesora de una vez, está delgada pero es joven. Estará buena.
En ese momento, de un golpe caí al suelo y lo último que recuerdo es una avalancha de capirotes, que ni se quitaron cuando comenzaron a darme los primeros mordiscos. El dolor era insoportable e indescriptible…

Volvimos a Compostela. Y en este momento estamos dando los últimos retoques a la capilla del colegio esperando la llegada de un colegio Granadino para hacer la presentación oficial. Suena mi móvil y lo atiendo.

—Chicos, escuchadme. Los compañeros del Colegio San Mateo de Granada, están llegando. Les falta muy poco, apenas  minutos. ¡Manuel! empieza a quemar y esparcir el incienso, y que te ayuden tus compañeros, quiero que el ambiente esté bien cargado, no me seáis chapuceros que luego pasa lo que pasa. Venga, los demás a sus puestos, vamos a hacerlo bien, sin errores y sobretodo, disfrutar de este intercambio.  

14 nov 2011

11.11.11

Andaba lo más rápido posible que le permitían los zapatos de tacón, maldiciendo el día tan caluroso que injustamente lucía aún estando en noviembre, pues comenzó a sudar exageradamente por las axilas; pensó que no podría desabrocharse la chaqueta, y de hacerlo, tendría que moverse con cuidado para no dejar ver las manchas de sudor en la camisa.

Mientras se dirigía al bloque de oficinas, pensó en sus vecinas. En los años que llevaban viviendo en la urbanización, apenas había tenido trato con alguna, sin embargo, a raíz de quedarse en paro, comenzó a quedar con ellas por las mañanas. Laura pensaba que eran muy diferentes a ella, pero no le importaba mucho porque en esos momentos de desayuno, se relajaba y se olvidaba de la frustración que le perseguía desde que dejó de trabajar. Era todo un ritual, tomar un café, un segundo y después ir a la administración de lotería a jugar al Euromillón. Raro era el día en que en la cafetería no se hiciese mención a cómo utilizarían cada una de ellas el dinero en caso de ganar el primer premio. No se hartaban de animar a Laura para que se uniera a la apuesta, pero ella hacía caso omiso y después del primer café se despedía del grupo para volver a casa y enfrentarse a la soledad del ordenador, a las pocas ofertas de empleo y las frías bolsas de trabajo que disponían las páginas webs de las distintas empresas y multinacionales.

Tras andar más de diez minutos, entró con prisa y dirigiéndose directamente a los ascensores. En las puertas de espejo pudo ver que su maquillaje, a causa del sudor también, estaba arruinado y deseó pasar antes por un aseo para intentar retocarlo. Se abrieron las puertas y entró. Pudo verse de cuerpo entero en el interior, que también estaba recubierto de espejos. Quince años llevando traje con elegancia, y ahora se sentía extraña e incómoda con él puesto… además le quedaba algo estrecho. Esa misma mañana, cuando se lo había puesto, le había dicho a su marido:

-Creo que he engordado- metiendo tripa mientras se subía la cremallera de la falda- ¿Me ves más gorda, cari?

-Yo siempre te veo igual. Bien. Normal.

-¿Normal?

-Tú ya me entiendes... - y sabiendo que debe argumentar más, intenta arreglarlo y con aire transcendental, hace una parada en su perfecto afeitado, la mira a través del espejo y la dice:

-A mí no me gustan las tías flacas -y agarrando con los dos brazos unas tetas gigantescas e imaginarias, acaba diciendo- ¡me gusta donde agarrar!

¡Chúpate esa! -piensa Laura-¡como si lo hubiera arreglado!

-Mira, tú no te preocupes, seguro que consigues el puesto y más con esa falda que te hace culo estupendo- Le da una palmada en el culo, un beso en la mejilla y sale desnudo del baño hacia el dormitorio.

Laura se asoma al dormitorio y le mira mientras él sentado en la cama de matrimonio se va vistiendo. La verdad es que no es muy ducho en palabras-piensa- pero le encanta que sea tan positivo e intente arreglar sus meteduras de patas con humor.

-¡Lo que daría yo por ser un mantenido! Estaría encantado de la vida. Cuando te aburras, cambiamos.

- Dios mío, en que estaría pensando hace un rato...

-¿Me has dicho algo?

-No, nada... vete que llegas tarde... a ver si te van a echar y no vas a poder mantenerme...-concluye Laura dando un portazo.

Salió del edificio de oficinas lentamente, al abandonar la puerta principal se preguntó por donde tenía que torcer, si a la izquierda o a la derecha; intentó hacer memoria, apenas hacía una hora que había hecho el camino de ida, pero no fue capaz de recordar por donde había venido. Lo que sí sabía es que el coche estaba aparcado lejos y eso le había hecho llegar unos minutos tarde. Para colmo, empezó a llover. Parecía que finalmente llegaría el frío.

La entrevista había sido un asco. Empezó mal desde el principio:

-¿Es este todo su Curriculum Vitae?

Contrariada responde... -Sí, eso es todo. A lo largo de todos estos años me han ido promocionando y he liderado varios departamentos. Puede decirse que llegué a controlar casi todos los procesos que se desarrollan en una empresa de distribución como la suya. Mi experiencia es mi principal aval.

-No has hecho ningún Master, algún MBA?

-No.

-Ya. ¿Veo que sólo hablas inglés?

-Sí, también algo de francés, pero nivel básico.

-Vale, vale... Ya me has hablado de tu experiencia... Me hago una idea... En breve acabaremos con las entrevistas y haremos una primera selección. Nos pondremos en contacto contigo sólo en el caso de que hayas sido seleccionada.

-Bien, muy bien. Entonces, espero su llamada. O no... bueno, quiero decir que me encantaría que me seleccionaran para trabajar con ustedes. Es el tipo de empresa en el que yo encajaría perfectamente.


"Me encantaría que me seleccionaran para trabajar con ustedes…" Había sonado demasiado desesperada. No la iban a llamar y lo sabía. Su curriculum estaba desfasado como su traje de raya diplomática. La probabilidad de encontrar trabajo se le hizo minúscula en una mar donde los recién licenciados con Masters y cuatro idiomas tenían todas las cañas de pescar. Mataría por un pitillo, aunque lo había dejado hace dos años. Quizás volviera. Comenzó a andar hacia el coche.

Era antes de medio día, en aquel momento las chicas estarían tomando café. Decidió reunirse con ellas antes de ir a casa. La casa... hoy se le caería encima. Pasó por un puesto de la O.N.C.E. y automáticamente compró un cupón para el sorteo que tanto anunciaban en los medios de comunicación, el del 11 del 11 del 11. Si le tocase... no tendría que volver a presentarse a una entrevista tan horrible como aquella. En aquel momento, dejó de preocuparle estar en paro o si la llamarían o no... empezó pensar en qué bollo elegiría para acompañar con el café y por primera vez jugaría con las chicas al Euromillón. Cuanto más apostase, más oportunidades tendría de ganar...

27 jun 2011

LAS MUJERES DE MI GENERACIÓN


Aquí hace falta una mujer, y esa mujer soy yo

 Leo en la prensa que la negación de los derechos fundamentales de las mujeres es una de las principales causas de la pobreza pero pese a ello, hoy 8 de Marzo se festeja el Día Internacional de la Mujer, celebrando los logros conseguidos y poniendo de relieve lo que aún queda por hacer para crear un mundo equitativo. 

Toda la prensa está salpicada de información en lo concerniente a este día. De esta forma se nos quiere concienciar sobre las desigualdades tanto a nivel local como internacional: 

“Las mujeres saudíes están convocadas a coger el volante como parte de sus actividades cotidianas desafiando la prohibición de conducir”
“Las mujeres están significativamente poco representadas en gobiernos, partidos políticos y en la ONU, a pesar de las llamadas a la igualdad”
“La mitad de los refugiados del mundo, son chicas jóvenes y mujeres adultas y son particularmente víctimas de la violencia sexual durante los traslados, en los campos de refugiados y/o durante su asentamiento”
“La poetisa bahreiní, Ayat al-Qarmezi, ha sido condenada a un año de prisión por la lectura de un poema en el que se piden reformas”

Cierro el periódico porque me indigna este mundo de extremos en el que vivimos. Con este panorama queda ridículo quejarse del poco tiempo que tengo para mí misma y del estrés que me supone atender una casa, los niños, un marido y un trabajo… eso como poco entre semana. ¿En qué momento caí en esta espiral tan estresante si yo volvía cuando los demás iban? Ese fue mi error, y el de las mujeres de mi generación

Pienso en como dan a luz las mujeres en Libia: en su choza con la ayuda de tan sólo una partera y luego pienso en la mujer sueca, que tiene una baja de maternidad de noventa y seis semanas. Pero sinceramente, me da igual la pobre mujer de la choza y la, seguro atractiva, sueca. Lo cierto, es que somos las mujeres de mi generación, las pringadas del siglo que decidieron hacer suya la frase de Rigoberta Menchú en la que decía: “Una mujer con imaginación es una mujer que no sólo sabe proyectar la vida de una familia, la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio” y ni cortas ni perezosas, nos hemos puesto a imaginar y a imaginar sin tregua.

Las mujeres de mi generación no sólo se han comprometido con su pareja y con sus hijos sino con un trabajo de responsabilidad y bien remunerado (aunque esto último no lo hemos conseguido del todo, pues todavía hay diferencias de sueldo entre un hombre y una mujer en el mismo puesto). Según la consultora y agencia de trabajo Manpower, las mujeres perciben un 34,7% menos de sueldo que los hombres. Por otra parte, los años que tardas en conseguir el estatus profesional deseado son los mismos minutos que tardas en perderlo en cuanto te quedas embarazada. 

Las mujeres de mi generación, hablan idiomas, hemos ido a la Escuela Oficial, hemos vivido en el extranjero. Como fuimos muy estudiosas, hemos continuado formándonos en paralelo al trabajo e intentado ser apreciadas por nuestra competitividad y riqueza pragmática; sin embargo muchas hemos tenido que rendir doble examen, primero el de demostrar que porque somos mujeres no somos idiotas y segundo, el que tiene que rendir cualquiera. ¡Y esto no lo dijo una mujer del montón! sino una presidenta de gobierno: Cristina Kirschner; claro que flaco favor nos hizo al meter en la Casa Rosada de Buenos Aires su impresionante zapatero climatizado bajo control con más de mil pares de zapatos y otros tantos bolsos y es que “El físico de la mujer — dice el periodista Manuel Vicent— todavía es catalogado por la mirada inseminadora que anida en el inconsciente de los jefes”. 

Porque las mujeres de mi generación, además de esposas, madres y ejecutivas agresivas… tenemos que ser atractivas, a poder ser, arrebatadoras. En las ciudades se han multiplicado los gimnasios y centros de estética. Es rara la mujer que no se haya hecho la depilación láser, o cuanto menos una insignificante limpieza de cara. Las hay que fichan cada verano con los rayos UVA y otras que se apuntan a sesiones de cavitación, presoterapia, mesoterapia y todo lo que acabe en –terapia. De ahí, damos un salto a tratamientos más sofisticados como el biolifting, botox, ácido hialurónico, remodeling, por no hablar de la cirugía ya pura y dura, para aumentar pómulos, mentón, labios, trasero y un clásico: pecho. Más cosas que se hayan multiplicado: Las depresiones, la ansiedad, los infartos y los psiquiatras.

Las mujeres de mi generación, nos movemos todo el tiempo, de un lado para otro: De casa al cole, del cole a la empresa, de la empresa al gimnasio, del gimnasio al cole, del cole al Supermercado, del Supermercado al Patinaje de la niña, del patinaje al parque y del parque a casa. 

Una vez que llegas a casa no paras de subir y bajar escaleras: de la cocina donde colocas toda la compra, subes al baño a preparar la bañera, del baño al dormitorio de los niños para ponerles el pijama, del dormitorio de los niños al de matrimonio, para quitarte el traje de que has llevado ya todo el día, manchado de polvo y patadas del parque, de ahí a la cocina, a preparar la cena, de la cocina al salón para recoger los juguetes tirados, del salón a la habitación de los niños, cuento y beso y de la habitación de los niños al estudio para poner en orden las cuentas del banco, responder algunos correos, organizar las vacaciones de semana santa y poner al día la agenda del día siguiente. 

Y si no estás moviéndote, estás en reuniones: Las mujeres de mi generación tienen reuniones de trabajo, de la comunidad de casa, de la guardería, del colegio, del campamento, de antiguos alumnos del Instituto, de la facultad… o simplemente familiares. 

Pero llega un momento como hoy, en el piensas: Demasiado trabajo, demasiadas tareas domésticas, demasiados gatos, demasiados hijos, demasiado gimnasio, demasiados planes, demasiados amigos, demasiadas pastillas… tengo demasiado de todo, y eso me hace sentirme estresada y malhumorada, como me siento hoy. Hasta hace media hora, mi la solución a mis problemas era el fiel propósito de apagar mi iphone dos horas seguidas al día y pagar un día más a Gladis, la mujer que nos limpia en casa. 

Paso el dedo por la hilera de libros que hay en la estantería del estudio, y me paro en uno: 20 POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA de Pablo Neruda. Ahora mismo podría ponerme en mitad de la calle y leerlo a grito pelado. Y no me pasaría nada, a lo sumo pensarían que soy una ejecutiva pirada en una sesión de expresión corporal, o alguna terapia alternativa de esas que hoy en día tanto abundan…


8 jun 2011

EL NUEVO GRUPO


Permítanme que me presente. Mi nombre es Saladino Rakesh Bahl y soy, aparte de su fiel servidor, guía turístico en Siria desde hace 13 años. Amo mi país, adoro mi trabajo y me encanta relacionarme con los turistas y sobre todo con LAS turistas. 

Solo me basta echarlas una mirada de arriba abajo para saber cómo son y lo que buscan. Son muchos años de profesión, con los hombres es más fácil, pero con las mujeres… Al principio, soy yo quién empiezo hablando de la historia de Siria y su existencia desde los primeros anales, les enseño las grandes mezquitas dedicadas al culto musulmán, los zocos de Damasco, el desierto de Palmira, el Gran mausoleo en Alepo, el Éufrates… Este ambiente con olor a jazmín es tan diferente al que están acostumbradas, que las marea, las embriaga y en ese estado, son ellas las que  comienzan a hablar y ya no paran: me cuentan su vida, se quejan del marido ausente, del hijo desagradecido, del jefe baboso, la juventud efímera y los sueños incumplidos… entonces deciden perder la cabeza por una vez, no pensar en el mañana y al final, todas, ricas o pobres, tontas o listas, feas o guapas, desean una cosa como broche final a su viaje exótico: acostarse con el guía.  

Lo que hago en los grupos normalmente es descartar a las feas, las lesbianas y las recién casadas y las elegidas se reducen a una o dos, a veces incluso a tres y sin levantar sospecha. En general, a todas les atraigo físicamente, mi nariz larga y recta, los pómulos marcados, mi piel color café, los ojos negros y rasgados y les resultan interesantes mis orígenes, de padre sirio y madre cubana, de ahí que les haga gracia mi acento cuando hablo español.

Y esa es mi vida, hasta hace quince días que cambió radicalmente en apenas veinticuatro horas. Me dirigía al aeropuerto a buscar al último grupo de la temporada antes de las vacaciones. Eran tantas las ganas de volver a casa, que no me apetecía para nada. Seme haría eterno y ni siquiera me seducía la idea de seducir, valga la redundancia, a alguna o algunas damitas europeas.
En el momento en que llegué al aeropuerto para recoger a los turistas y las vi allí, plantadas a ocho mujeres, supe que no sería un grupo más.

Desde el primer momento mi relación con ellas fue buena, sin embargo entre ellas, era horrible. Se llevaban fatal, no se soportan las unas a las otras, así que, decidí no ceder ante ninguna, por no meter más leña al fuego como dicen por allá, por mucho que me costase, acabaría el tour en paz. 
Traté de ser un buen guía y recé a Alá para que los días pasasen rápidos y me llevaran pronto de vuelta a casa para comer el mejor keshek1 [1]de toda Siria, el que hacía mi viejita.

Y así, con la firme promesa de mantenerme casto, partimos de Damasco a Palmira, de Palmira a Hama, Alepo, Aphamea y Serjelleh. Allí el grupo se dividió. Gran parte de las mujeres pasaron a Jordania, el resto, después de casi una semana, volvimos a Damasco. Cuando el grupo se redujo y estábamos a punto de separarnos para siempre, pues al día siguiente las chicas regresaban a España y yo a mi pueblo, pensé en que quizás, la última noche podía romper mi promesa que tanto me estaba costando mantener… pero ¿con cuál de las tres? 

Vanessa con dos eses (así fue como se presentó)  me lo dejó claro en cuanto se sentó a mi lado en el mini-bus que nos llevaría al hotel. Su pierna, su hombro tan pegado al mío. Su manera de hablar descarado y sensual, como ella misma. Berta, el ratón de biblioteca, licenciada en Historia Clásica.  Con un sentido del humor muy especial, aunque físicamente no era gran cosa, era una persona muy agradable, sería muy dulce estar con ella. Y Valeria, una pija de cuarenta años que no se callaba ni debajo del agua. Lo único que le salvaba a su boca era su cuerpo divino plagado de curvas generosas. El gusto por esos cuerpos hermosos supongo me viene de mi herencia cubana. Como dice mi madre, “¡mi chico, más vale dónde agarrar!”  
 
De regreso a Damasco decidí poner en marcha el plan de ataque, y hacer que esa última noche fuera memorable para todos. Llamé por teléfono a unos buenos amigos a los que no veía desde hacía tiempo y que vivían allí como yo, sólo durante las temporadas altas de turismo.  Les conté que estaba con tres turistas españolas, que mañana volvían a España, y les propuse salir todos juntos a cenar, a bailar y a lo que surgiera, y les insinué que las españolas prometían diversión y mucho más. Así, en grupo, podríamos desatarnos, relajarnos y confiar en que la noche y el arak[2], nos diera la tregua necesaria para disfrutar libremente de la compañía que se antojara a lo largo de la noche. Mis amigos se encontraban en una manifestación en pleno corazón de Damasco, en la plaza de Abasín,  y por supuesto les encantó el plan. Nos recogerían por la noche en el Hotel Sheraton, en el que nos alojábamos la última noche. Se lo dije a las chicas, las cuales aceptaron entusiasmadas. Iba a ser una bonita despedida para todos…

Cuando llegamos a la capital horas más tarde, encontramos una ciudad sumida en el caos, gente que corría por las calles en medio del humo de hogueras improvisadas y pequeños incendios. Coches mal aparcados, contenedores tirados y la basura desparramada por toda la calle. En el hotel nos recibió el Director que después de presentarse y presentarnos a dos hombres de la Embajada Española en Damasco, demasiado trajeados para la hora y el lugar, nos dijo: 

—Gracias a Alá que llegaron sanos y salvos—dijo el Director del hotel con preocupación- ¿Se encuentran bien? ¿Llegaron sin problemas? Nos fue imposible localizarles. 

—Sí, estamos bien, pero ¿qué pasa? ¿Qué ocurre? 

—Desde ayer no ha parado de venir gente a unirse a las diferentes olas de protestas que están surgiendo por todo Damasco, el movimiento opositor más grande hasta la fecha contra el gobierno del presidente Assad. Se calcula que hay más de 100.000 personas manifestándose.  Dijo el Director con cierto orgullo.

—Las autoridades sirias—continuó uno de los hombres de la embajada —están desplegando y continuamente reforzando las medidas de seguridad; al principio eran pacíficas  luego violentas y hace una hora se han empezado a escuchar disparos. La ciudad está en toque de queda. Por su seguridad no pueden salir del hotel hasta nuevo aviso.

— ¿Cómo que no podemos salir del hotel? Yo puedo hacer lo que quiera, como ciudadana Española, y Europea; puedo ejercer mi derecho a irme... Dijo Valeria sin mucha convicción.

—Sí y además esta noche hemos quedado. Vamos a salir con unos amigos. Nos tenemos que arreglar y cuanto antes.  Dijo Vanessa retocándose la melena despeinada de tantas horas de viaje en minibús.

—Creo que no entienden el cariz que ha tomado lo que iba a ser una manifestación pacífica— dijo el segundo hombre de la embajada— No sabemos qué es lo que está pasando fuera, pero creemos que podría haber muertos. Me temo señoritas, que no tienen opción. Son ciudadanas Europeas, pero están en Siria, y hoy, se ha declarado el estado de Emergencia. El transporte aéreo está prohibido y los accesos a Damasco cerrados.

—Ha sido un día duro y supongo que querrán asearse y descansar, por eso les hemos conseguido una suite en la última planta. Dijo apaciguador el Director del hotel.

—Bueno, al menos tenemos una suite para cada uno…

—No exactamente. Igual que ustedes no pueden salir del hotel, la gente que tenía prevista su salida para hoy, tampoco pueden hacerlo, por lo cual, las habitaciones que tenían asignadas, no están disponibles en estos momentos, muy a nuestro pesar  me temo, que tendrán que compartir la suite los cuatro.

Abatidos nos dirigimos a la suite. No paraba de pensar en  lo que estaba ocurriendo en este momento a pocos metros del hotel. Sin casi información sabía que no era una simple manifestación, que lo que estaba pasando iba a formar parte de la historia de mi país. Se avecinaban nuevos tiempos pero no sabía si mejores o peores. Cuando dejamos Damasco seis días atrás, la ciudad era tranquila, pacífica y alegre. Pensé en mis amigos y ahora el plan que tracé para esta noche me hizo sentir ridículo. Mientras las chicas entraban en la habitación yo me quedé en el pasillo intentando localizarles a través del móvil sin éxito. La última vez que hablé con ellos, estaban en el epicentro de la manifestación. Mientras, podía escuchar a las chicas dentro de la habitación, volver a discutir:

—Bueno, no está nada mal la suite. El cuarto pequeño tiene dos camas y el dormitorio de matrimonio es grande y confortable. Clara, Valeria, vosotras podéis dormir en el dormitorio pequeño y Saladino y yo en el otro. Me pido ducharme la primera.  

— ¿Por qué tengo que dormir yo en el dormitorio más pequeño? prefiero la cama de matrimonio. No estoy acostumbrada a una cama tan estrecha; yo me muevo mucho por las noches y podría caerme. Dijo Valeria mientras colocaba su maleta en la cama de matrimonio.

— ¿Por qué tiene que dormir Saladino en la cama de matrimonio? Podría dormir en el cuarto pequeño y yo en la otra cama. Con todo lo que está pasando, no voy a ser capaz de dormir, me da miedo. Y seguro que Saladino, tampoco. Seguro que nos pasamos toda la noche hablando. A los dos nos gusta filosofar sobre el mundo árabe y su despertar a la democracia, que es por eso la manifestación que está ocurriendo en este momento. Comenzó en Túnez, le siguió Egipto…

—Corta el rollo, Clarita. No me vayas de mosquita muerta intelectual, que lo que quieres es lo que queremos el resto, tirártelo.

—Vanesa, eres una ordinaria.

—Te he dicho mil veces que es “Vanesssssa”, con dos eses. Mirad, a las tres nos gusta Saladino, lo mejor es que lo intente yo primera, si no sucede nada, sabremos que Saladino es gay. He leído en una revista que muchos árabes son homosexuales…

—Me gustaría ver en qué revista lo has leído, seguro que era científica- dice Valeria.  

—Umm, no, creo que era la Cosmopolitan.

—Estaba siendo sarcástica, Vanessa. Dice Valeria acentuando aposta el ese.  

—Pues dímelo directamente. Con ese tono y esas palabras que usas no te entiendo. Ni yo, ni nadie. Claro que en cuanto te pones a hablar, a partir de los 5 minutos desconecto. ¿No te has dado cuenta, que al final siempre te quedas sola hablando?

— ¿Y tú no te has dado cuenta tú que contigo ni intentan hablar porque no sabes seguir una conversación?

— ¿Os podéis callar? Si vamos a compartir habitación, podríamos intentar ser un poco más cordiales…Fuera del hotel quizás estén matando a gente.


Hasta el último día voy a tener que aguantar las riñas de estas tres, pensé… Bajaré al bar, me tomaré una copa y seguiré intentándolo. Quizás allí haya más cobertura.

Nada más entrar en el bar, vi que todo el mundo estaba alrededor de la televisión. No había canal local pero en las cadenas internacionales estaban lanzando noticias de última hora continuamente. La cadena francesa aseguraba que los ataques de la policía habían provocado más de doscientos muertos en la Plaza de Abasín.

No escuchaba nada más, ¿qué le estaba pasando a mi país? ¿Estábamos locos o qué? me preguntaba si mis amigos estarían entre esos doscientos muertos.

Subí a la suite, se lo dije a las chicas mientras rompí a llorar, de miedo, de cansancio, de incredulidad…

Valeria sin hablar me dió un vaso de agua, me quitó la chaqueta y se ocupó de mi mochila, luego me dijo que en cuanto se levantase el toque de queda, iríamos a buscarlos, que las tres me ayudarían a encontrarlos.  Vanessa me cedió su turno en el cuarto de baño y me dijo que me diera una ducha, que me reconfortaría. Cuando salí del baño, habían juntado las tres camas en el dormitorio principal. Nos acostamos los cuatro, la televisión estaba encendida pero sin voz, Berta me dijo que intentara descansar y se ofreció a  leer en voz alta algunos fragmentos de su libro sobre Mitología Siria. Todos estuvimos de acuerdo y la escuchamos en silencio.
 


[1] Keshek: Crema muy refrescante elaborada a base de yogur, pepino, menta, ajo y aceite.

[2] Arak: Bebida alcohólica muy popular anisada, parecida al ouzo, a la que se añade agua y mucho hielo