Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

24 feb 2011

CALIXTO PÉREZ, MÁQUINAS DE COSER



Mi nombre es Calixto Pérez y soy vendedor ambulante de Máquinas de Coser. Mis adorables clientas viven en pueblos alejados de las grandes ciudades, donde no hay tiendas y ni mucho menos centros comerciales. Ni por asomo llega la Teletienda, así que están acostumbradas a subsistir con lo que se tiene o se crea, y este caso, estas mujeres diseñan y confeccionan su ropa, la suya propia y la de toda su familia. Acostumbradas a la vida rutinaria, una evento como un bautizo, comunión, boda o entierro, bien merece la pena estrenar ropa nueva.
En un principio mi profesión puede parecerles aburrida, pero créanme, nada más lejos de la realidad y además, me reporta generosos ingresos. Como muestra, un botón. Mientras espero la grúa, fumando un pitillo apoyado en mi coche, permítanme que les relate lo que me pasó ayer mismo…. 
Era temprano y me dirigía a Villarodrigo, un pueblecito de Palencia de  300 personas. Es uno de mis favoritos y voy un par de veces al año.  Quería visitar a las clientas asiduas, vender algunos modelos nuevos, llevar algunas piezas de recambio y lo tenía que hacer precisamente ese día, que comenzaban las fiestas del pueblo. A mí me encanta la algarabía que se monta en estos pueblos, tan pequeños pero con tantas ganas de festejo.
A 30 Kilómetros, mi coche me dejó tirado, no había forma de arrancarlo de nuevo, así que cogí mis bártulos y comencé a andar, rezando para que pasara pronto algún coche y se apiadara de este servidor. Mis rezos fueron oídos y divisé a lo lejos un autobús negro, un tanto destartalado y escrito en grande: LOS BALAS PERDIDAS, Orquesta. Le hice señas para que parase y me subí congratulado por mi buena suerte. Escuetamente me dijeron que era la orquesta que había contratado Villarodrigo para amenizar el baile en la plaza del pueblo esa noche. De repente, reconocí a uno de los integrantes del grupo, Herminio, el Pelos, compañero de colegio, al que hacía más de 20 años que no veía. Nos fundimos en un abrazo y durante todo el trayecto, no paramos de hablar de cómo nos había tratado la vida durante todo este tiempo.
Herminio era el cantante de los Balas Perdidas, un grupo de Rock que 15 años atrás lograron arrasar en el mercado musical del Rock, eran conocidos a nivel nacional y llegaron a codearse con Barricada y Rosendo. Poco a poco, la fama pasó y fueron en declive hasta quedar reducidos a lo que eran ahora, un grupo de cuatro cincuentones errantes que tocaban en las fiestas de los pueblos con un caché muy bajo, vamos, que cobraban lo imprescindible para mantener al grupo, el equipo y el viejo autobús. Tocaban lo que les pedían, pasodobles y canciones del verano y cuando la gente estaba lo suficientemente borracha para no prestarles atención, colaban sus propios temas.
Y así se ganaba la vida el bueno de Herminio. Me gustó comprobar que era un hombre feliz a su manera, y como él me dijo, la vida le había sonreído.
Con la alegría que da el recuentro con un viejo amigo, llegamos a Villarodrigo. Se notaba el ambiente de fiesta, mucho más lleno y alegre que cualquier otra época del año. En cuanto bajé del autobús de los Balas, fui directamente a la Iglesia, a ver a mi Dorita, que cantaba en el coro. Dorita fue mi primera clienta en Villarodrigo, hace ya 20 años, apenas llegada de la ciudad donde dicen trabajaba en un cabaret de mucho nivel en Palencia y me lo creo, porque aún ahora, es una mujer que quita el hipo, háganme caso. Dorita y yo somos amantes desde entonces. Ella es casada, pero su marido nunca está, trabaja fuera y lo ve de año en año y de vez en cuando le manda algún que otro dinero por giro postal.
Después de la misa, visité a las clientas y saludé a los del pueblo en el único bar que hay. Después de tanto tiempo ya me conoce todo el mundo, me siento como en casa. Allí me volví a reunir con Herminio y seguimos nuestra cháchara mientras iban y se venían primeros los vinos y después los cubatas.
Al caer la noche, me despedí de Herminio, él tenía que subirse al escenario y yo iba a visitar a Dorita a su casa, no sin antes prometer que me dedicaría algún tema de nuestra juventud.
Entré en casa de Dorita, ella me esperaba en la cocina. Tanto era nuestro deseo que decidimos hacerlo allí mismo, mientras de fondo escuchábamos la voz ronca y desatinada de Herminio cantando “Soldadito Español”. A lo “El Cartero siempre llama dos veces”  despejamos la mesa de la cocina a manotazos y me abalancé sobre el cuerpo exuberante de mi Dorita… Pero de repente, me quedé paralizado, no podía continuar, oía a Dorita llamarme, preguntarme que qué me pasaba y yo ahí parado, no daba crédito a mis ojos, ¡estaba viendo un OSO pasearse por el salón!:
-¡Un oso, un oso, UN OSO!- dije a Dorita sin poder desviar la vista de aquel úrsido. Alarmada, Dorita respondió:
-¡Mi Marido!.
-¿Tu marido? pero si te digo que es un oso, increpando a Dorita.
-Pues eso, que mi marido ha llegado, que está aquí, decía Dorita mientras intentaba recomponerse.
-Pero… tu marido es un oso? Dije (aún no me creo que pudiera preguntarle eso).         

Me vestí escopetado, salí por la puerta del huerto y corrí alejándome del pueblo… A la media hora, caminaba a paso ligero por la carretera cuando me recogió el autobús de Los Balas Perdidas, que después del concierto se dirigían al hotel más cercano a hacer noche. Desde allí pude llamar a la grúa y darles mi localización. Antes de volver al coche me tomé la última con Herminio, le conté mi aventura, “Como en los viejos tiempos, Calixto, como en los viejos tiempos” me dijo, nos reímos, hablamos, se nos hizo de día, prometimos llamarnos… 
Y aquí estoy, mientras fumo un cigarrillo, contándoles esta historia, apoyado en mi coche esperando la grúa…  y seguro de que nunca dejaré mi trabajo.


CURRICULUM VITAE




Desde siempre, deseé que llegara ese día y por fin llegó. A primera hora de la mañana, el gerente de la empresa tocó a mi despacho y me comunicó que el puesto de Director de Marketing Corporativo y Comunicación Internacional del Grupo Walter & Hosmann era mío. Sólo faltaba una última reunión, una mera formalidad; los dueños del grupo me querían conocer en persona y contarme ellos mismos el sistema de bonus, incentivos y gratificaciones para los altos mandos, élite a la que acababa de acceder. Un último paso.  Y precisamente ese día por la noche, descubrí que estaba embarazada; para colmo no sabía ni desde cuándo y si me apuraban, ni el cómo…. Sería en una de las pocas veces en la que salí; el stress y el alcohol no fueron buenos compañeros.  Decidí ir a la mañana siguiente a visitar a mi ginecóloga, era de confianza y sabría decirme como resolver ese inconveniente. Una contrariedad que esperaba solucionar antes de la Gran Reunión.  En verdad, este incidente no iba a echar al traste toda una carrera de sacrificio y trabajo duro.
Desde que empecé el instituto tenía claro que quería hacer una carrera Universitaria. Siempre me interesó  el Marketing  y mis padres, publicistas los dos, se volcaron en mi educación. Cada verano iba a Campamento de Inglés a las afueras de mi ciudad y ya en la Universidad, pasaba los 3 meses en Irlanda, Inglaterra y Estados Unidos.  Nunca fui a una fiesta de fin de curso, ni me fui de camping a la montaña o a la playa en pandilla como hacían mis compañeros, no estaba interesada en chicos, ni en ropa, tampoco en deportes. Hubo un tiempo, en la Universidad, en el que estuve en el equipo de Natación, pero al final lo dejé, aunque me dio pena separarme de las chicas, no me compensaba las horas de estudio que la Natación me quitaba. En general me siento bastante orgullosa de mí misma pues nunca desperdicié mi tiempo en todas esas cosas inútiles.  
A los 23 años me licencié en Ciencias Económicas y en Administración y Dirección de Empresas. Después hice un Máster en Marketing Internacional en  el Instituto de Empresa en París. Ese año fue estupendo, porque además me eché un novio alemán y gracias a él, aprendí el idioma, cuando dejamos la relación, podía desenvolverme perfectamente en Alemán, así que decidí vivir unos meses en Múnich para adquirir un mayor dominio y perfección del lenguaje.
Cuando volví a Madrid trabajé para diversas compañías internacionales entre ellas, Mckinsey & Company, donde ejercí las funciones de Jefe de Proyecto y en Coca-cola, donde llegué a ser Marketing Product Manager. Eran muy buenas empresas sin embargo, las perspectivas de futuro eran desoladoras, ya con más de 30 años, las posibilidades de ascender me eran casi imposibles, aún trabajando 15 horas al día como lo hacía. Soy una mujer realista y decidida, sabía que me estaba acomodando y además quedando obsoleta en comparación con las nuevas generaciones que venían pisando fuerte, así que, hice un estudio de las empresas de mi sector con más proyección en el país y aposté por Walter & Husmann.
A través de su consultora, entré como Directora de Relaciones Institucionales. Por y para ellos, recorrí medio mundo, abanderando la compañía, consiguiendo grandes Cuentas, hice otro Master, un Executive MBA por la Universidad de Columbia y en mi tiempo libre, aprendí Chino, pensando en la sucursal que en breve abrirían en Shanghai. También aprendí a jugar al golf; es increíble todo lo que se decide en el Green.
Cuando jubilaron al antiguo director de Marketing Corporativo y se decidió que alguien de la empresa fuera promocionado, vi exactamente donde quería estar y era en ese despacho. Yo era la que cumplía de forma más estricta con el perfil que buscaban y además era la que más méritos, titulaciones y experiencia tenía.

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Hoy tengo que celebrar algo muy importante. Hoy hace 6 meses que mi vida dio una vuelta de tuerca. Gracias a la tecnología  de las Ecografía en 4 Dimensiones, te vi. Tan sólo durante 10 segundos y fueron los 10 segundos más intensos y emotivos de mi vida. Los 10 segundos que marcarían el reloj y el camino de mi vida y de la tuya. Me di cuenta que lo único que deseaba en el mundo era lo veía en aquel monitor y estaba anda más y nada menos que dentro de mí. Del resto de mi vida… no quedaba nada más. Ese mismo día, hace hoy 6 meses, salí de Walter & Husmann con la copia de mi renuncia voluntaria.

No me canso de aburrirme, de estar sola en casa tumbada en el sofá imaginándote. Para poner un poco de sal a mi vida y la tuya estoy en un equipo de Natación divertidísimo, somos 8  mujeres embarazadísimas, 8 sirenas varadas en nuestro océano particular que es la Piscina Municipal. Paseo con mi madre todos los días por el Retiro que es mi Green favorito y hablo Chino con todos los dependientes de las tiendas de “Todo a 1€” que hay del Retiro a mi casa. Mi cuenta favorita es la del día hoy, que salgo de Cuentas y en cualquier momento nacerás,  te veré la cara, esta vez en todas sus dimensiones y podremos darnos las gracias por habernos dado la vida la una a la otra.

LA PASTA ES LA COMIDA DE LA CLASE ALTA - Greguería


La Pasta es la comida de la Clase Alta;  es la sal de vida, es la esencia de la forma de ser de nosotros, los italianos y nuestra querida Italia, la que nos esperará con los brazos abiertos cuando decidamos volver con el suficiente dinero para abrir un restaurante familiar, limpio, modesto y con el sudor del trabajo digno y honrado, lo llamaremos LA TRATTORIA DI VITTORIO, Vittorio por el nombre de todos los hombres de la familia, generación tras generación…”  Y tras estas palabras solía dormirse cada noche mi nono o como dicen ustedes mi abuelo, en el mugriento camastro del  barco que nos llevaba a la tierra prometida, a la tierra de las oportunidades, a la tierra que nos adoptó por un tiempo e hicimos nuestra y en la que también murió mi querido abuelo: la ciudad de Chicago.
Mis abuelos, mis padres, mi hermana y yo, vivíamos en Nápoles. Mi padre y mi abuelo cargaban y descargaban barcos en el puerto. Cuando ya no hubo más trabajo, mi padre vendió todo lo que teníamos, cogió a la familió y decidió reunirse con su hermano en América. Mi tío Vittorio, trabajaba en la construcción, en pleno auge tras el Gran Incendio que asoló la mayor parte de la zona central de la ciudad y no le iba nada mal, a juzgar por sus cartas. 

Después de 2 meses de travesía, atracamos en el puerto de Nueva Amsterdam, yo entonces era un chaval de 10 años, estaba deseoso de pisar tierra pero aún cuando la divisábamos, tardamos 2 días en amarrar, pues antes que nuestro barco debían hacerlo decenas de otros muchos que venían de Europa y África. Y no sólo tardamos en el amarre sino también en la inspección sanitaria, legalización de visados y permisos de trabajo y eso que éramos ciudadanos preferentes. De allí, cogimos el ferrocarril que atravesaría parte del continente americano para llegar a Chicago o como desdeñosamente se la llamaba, Ciudad del Viento, por lo incómodo de éste. Cuando por fin llegamos a nuestro nuevo hogar, ya estábamos cansados de esa ciudad, tan grande y bulliciosa.

Compartíamos casa con mi tío, su mujer, los padres de ésta y mis 3 primas. Mi padre y mi abuelo empezaron a trabajar con mi tío, y la vida siguió…. La verdad es que ni mejor ni peor que cuando vivíamos en Nápoles y había trabajo. Mis primas, mi hermana y yo íbamos a una escuela del distrito para Italianos, Polacos y Judíos y por las tardes las pasábamos enteras jugando en la calle y rateando todo lo que se podía. Tengo un buen recuerdo de mi infancia. 

Cuando cumplí 12 años, empecé a trabajar para el señor Capone, un anticuario del barrio bastante importante en su círculo, aunque las malas lenguas decían que era guardaespaldas de un famoso mafioso. Mi trabajo consistía en entregar paquetes de objetos antiguos y recoger otros y la clave para reconocer a los amigos de los enemigos (pues estos eran competencia que quería robar esos paquetes para venderlos a los museos) era LA PASTA ES LA COMIDA DE LA CLASE ALTA. Decidí utilizar la célebre frase de mi nono querido, muerto hacía 2 años de neumonía, para  honrar su memoria. Al Señor Capone le divertía la frase, supongo que porque él adoraba la Pasta. 

Ya en la primera década del Siglo XX  la llegada de Italianos a Chicago era incesante, la comunidad Italiana alcanzó las 300.000 personas, surgieron los primeros periódicos italianos y teníamos gran presencia en el sector político, público e industrial.
En 1925, a mi jefe, el Señor Capone, se le asociaba con nada más ni nada menos que la Mafia y el Hampa, se le atribuía ser el Creador del Sindicato del Crimen e incluso se decía que traficaba con alcohol. A mí esas habladurías se me antojaban falsas, ¡Precisamente cuando se había impuesto la ley Seca! Eso era imposible, si hasta les dijo a mis padres que algún día le sucedería en el negocio de las antigüedades…  
Mientras, los disturbios y asesinatos se elevaron en el barrio, y mi familia con sus ahorros y sobre todo con los míos, decidieron volver a Nápoles. Nunca llegaron a adaptarse a su nueva ciudad porque añoraban demasiado Italia y su Pasta y no es que no hubiese pasta en Chicago, pero no era igual, no sabía igual, qué se yo… quizás el  agua, la sal, el aceite, no eran los nuestros. El “al dente” americano, no era nuestro “ al dente”  italiano y eso era insoportable. Además creo que nunca les gustó mi jefe. Sé que al Señor Capone le entristeció mi partida, tenía grandes planes para mí, me dijo al despedirse. Unos años después, ya en Nápoles, me enteré que mi antiguo jefe fue arrestado ( todavía no sé por qué)  y a los pocos años más tarde murió. ¡El bueno del Señor  Capone! Dios le tenga en su gloria, todavía puedo recordar su cara y la cicatriz que le atravesaba ésta…
Pero volviendo al tema, en  1944, pisamos tierra Italiana e hicimos  realidad el sueño de mi nono, abrir un modesto y céntrico restaurante en Nápoles, sólo que no lo llamamos como hubiera querido mi abuelo y puesto que la mayor parte del dinero invertido venía de mi trabajo (digno y honrado, como decía el nono), mis padres me dejaron elegir el nombre que fue: “ LA PASTA ES LA COMIDA DE LA CLASE ALTA”, un poco largo pero funcionó, quizás por el reclamo… cada noche se llenaba de la gente más variopinta de Nápoles, incluyendo una gran familia bastante inusual pero muy afables, creo recordar que se llamaban los Camorra.

Mi hijo pequeño  Vittorio,  se llevaba muy bien con el patriarca y cuando creció, decidió dejar el restaurante, y  trabajar para la familia Camorra. Nunca lo entendí, cuando le pregunté el porqué prefería trabajar con esa familia y no la suya propia, me replicaba una y otra vez, MA CHE!  PER LA PASTA!!