Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

15 abr 2011

TORTITAS CON NATA


Como cada jueves, Alicia y yo vamos a merendar al Club. No sé por qué voy, cada vez me aburro más. Supongo que es porque Alicia me viene a buscar a casa y casi me saca a rastras. Siempre le digo que no cuente conmigo para el siguiente jueves, que no me gusta ese ambiente artificial, donde todos estamos hablando de todos y nos miramos de arriba abajo. Y ella me responde:

-Okey querida, te paso a buscar a las seis como siempre. 

Alicia es así. No sé porqué extraña razón nos hicimos amigas, quizás es ahora la única que tengo aquí. En cuanto llegamos a la urbanización, me tomó bajo su tutela, me presentó a todas sus amigas, me apuntó a su gimnasio, me llevó a sus tiendas favoritas, a su centro de estética y hasta me regaló el perro que ahora tengo. Pese a lo diferentes que somos, nos complementamos bastante bien: Ella respeta mis momentos de soledad y mis prolongados silencios y yo la escucho durante horas, como lo haré este jueves, sin abrir apenas la boca, hablar sobre sus operaciones de estética, sus años que cada vez son menos, sus amantes fogosos y sus espectaculares discursiones con su marido, incluidas las reconciliaciones con todo tipo de detalles. 

Entramos al Club y mientras nos acomodamos el camarero se acerca y nos pregunta que deseamos tomar. 

-Tortitas con nata y chocolate, café con leche y sacarina y zumo de naranja natural también con sacarina. Cielo ¿tú lo mismo? estás muy pálida, creo que necesitas una dosis de chocolate ¿o prefieres un trozo de tarta? la de tiramisú es sencillamente deliciosa.

-No, no me apetece. He comido hace poco y estoy llena. Para mí, sólo un zumo de naranja, sin pulpa y con dos hielos, por favor.

-Bueno, vamos a hablar de alguien, qué prefieres: ¿los recién casados? ¿los recién divorciados? ¿los recién arruinados? o ¿la nueva pareja que se ha mudado a la Urbanización?.

-Pues casualmente, esta mañana los conocí: Los Ormazabal. La mujer estaba en el gimnasio a primera hora. Juntas hemos ido a Aquarunning, luego a las 9.30h he coincidido con el marido en Spinning

-Nenita, pero si hemos ido juntas a Body Pump a las 12h. ¿Ya habías ido a dos clases antes? Me pregunta Alicia mientras se limpia las comisuras de la boca, llenas de chocolate. 

-Y con esas tortitas que te estás zampando estás arruinado todo el esfuerzo que hemos hecho en la clase. Tienes que intentar comer más sano.  

-Berta, últimamente te pasas todo el día en el Gym… ¿No tendrás algún noviete culturista que no me quieres contar? Qué lagarta, venga, cuenta, cuenta…

-¡Qué cosas tienes…Claro que no tengo un novio ni nada por el estilo! Es solo que me gusta levantarme pronto, acompaño a Fran al autobús de la ruta y luego me voy paseando al gimnasio, me encanta hacer deporte.  Total, no tengo nada que hacer. Me aburro en casa. Fran no llega hasta por la tarde y Álvaro está casi siempre de viaje y cuando no lo está, se pasa todo el día en el despacho de reuniones. 

-Claro, claro y ahora dirás que no le has echado el ojo al nuevo profesor de Tenis…  Matías. 

-Pues no, en absoluto, además el tenis no me interesa. Prefiero el Squash. Es más aeróbico,  se suda más y pierdes más calorías. 

-¿Qué calorías, Berta? -Me dice asombrada Alicia  -¿No me digas que te preocupas por eso? Si estás hecho un palo. De hecho, deberías engordar un poco más. Tienes la cara chupada. Además, no sé qué te ha pasado en el pelo, está lacio, sin gracia,  con la mata que tenías cuando llegaste…  Tendrías que preocuparte de comer un poco más, en vez de tanto gimnasio. Me estás empezando a preocupar.

-Para ya, Alicia, aparentas físicamente cuarenta años pero cuando hablas así, pareces tener sesenta ¿te digo yo a ti que dejes de fumar? Fumas más de un paquete al día. Eso sí que es perjudicial… 

-Vale, vale, paro ya… ¿pero crees en serio que aparento cuarenta? ¿no aparento menos? Me pregunta mirándome de perfil, inclinando la cabeza,  mientras se estira el pómulo… -Pero ¿mira a quién tenemos en la barra? al maravilloso y sexy Matías, acompañado de dos ‘barbies’ de serie, la nueva camada de diseñadoras de Interiores “barra” modelos…
Me río, Alicia es única para catalogar a la gente. Sobre todo a las mujeres. Efectivamente el tal Matías está acompañado de dos rubias exuberantes, con atuendo deportivo de firma. Llevan media docena de joyas cada una de escaso gusto.

-Camarero, traiga unas tortitas con chocolate para mi amiga. Pide Alicia.

-¿Pero qué dices, Alicia? ya te he dicho que no tengo hambre. Perdone, no haga caso a mi amiga. No quiero nada,  gracias. ¡Mira! esa es la nueva pareja: Los Ormazabal. El es banquero y ella… -digo yo intentando que Alicia se olvide de las dichosas tortitas con nata- la mujer se dedica… es…

-Solo hay que verla: Diseñadora de interiores. No me digas más.

-Errr… pues sí, creo que sí.

-Bueno, bueno, bueno… mira quién acaba de entrar: Livia Montes- Dice Alicia -Dios mío, es un espectro andante. Me dijeron que estaba muy desmejorada, pero no imaginé cuánto.

-Bueno, y qué quieres, acaba de salir del hospital. Ha estado allí cuatro meses.

-Por eso mismo, después de cuatro meses pensé que saldría más recuperada, no peor que cuando entró. Aunque peor que antes, casi es imposible. Se le fue la cabeza. Enloqueció- Dice Alicia, con voz fingiendo ser tenebrosa- Vosotras erais amigas antes de que se volviera majara ¿no?

-No. Sólo hablamos un par de veces. Le digo a Alicia restando importancia a su pregunta mientras pienso tristemente: 

¿Amigas? Sí, eso pensaba yo, que éramos amigas, con Livia me sentía a gusto hablando de mí misma, pero no era recíproco. Era reservada en general, conmigo también, nunca me contaba cosas personal y cuando le preguntaba, rehuía responderme, se alejaba… Me enteré de lo que le pasó por uno de los guardas de la Urbanización. Ya ves lo amigas que éramos.  

Miro a Livia Montes. Está sentada sola en una mesa. No ha pedido nada. Está en frente de los ventanales con la mirada perdida. Nadie habla con ella.

-Estuvo a punto de morir, Alicia. 

-Y tú a punto de quedarte calva, nena. Has visto como tienes el blasier de pelos? Se te cae una barbaridad… 

-Sí, es verdad, debe ser por la primavera. 

-Cuídate eso nena… Una mujer sin pelo… En fin, sí, llevas razón, no hay que tomarlo a risa, pero… lo siento, yo hago un esfuerzo en entender esa enfermedad en adolescentes, pero no en una mujer de nuestra edad, hecha y derecha. Con una hija, un marido adorable, una casa de ensueño… en fin, ¿qué más quiere? Puede tener todo lo que quiera. Ella misma se ha buscado lo que le ha pasado.  

-¿Cómo que se lo ha buscado? Tenía que estar muy desesperada para hacer lo que hizo. 

-Uy sí, desesperadísima, por eso no paraba de hacer deporte como si le fuera la vida en ello, no paraba de vomitar todo lo que ingería, si ingería algo, y para rematarlo, se intentó suicidar… -Mira que piernas tiene… son como sus antebrazos. Y  ¿qué lleva puesto en la cabeza? ¿un turbante? no sabía que se llevaran, no está mal, aunque eso es para tener una cara mona… No le favorece mucho que digamos…

-Alicia, lleva turbante porque no tiene pelo. Es por falta de vitaminas. Tampoco tiene uñas…

- Dios mío, qué horror. De todas formas, es la escusa perfecta para ponerte una parafina y unas acrílicas bien bonitas, unas francesas le irían bien. Al estar tan pálida…

-Está sola. Está aterrada. Tiene miedo de todo lo que le rodea. Se siente insegura, al borde del abismo y lo único que puede controlar es la comida. 

-¿De qué estás hablando, Berta? Tú… ¿Tú estás bien? 

-Sí, si lo estoy. Olvídate de lo que te he dicho, cosas mías. Venga paguemos, quiero llegar a casa pronto. Fran debe estar al caer. 

Al pasar por la mesa de Livia, Alicia se para a saludarla:

-Livia, querida, estás estupenda. Ya volviste de… viaje? 

-Hola Alicia, Berta. Sí, si te refieres al hospital ya salí. Creen que lo he superado y debo continuar con mi vida. 

-Muy bien, cariño, así se habla. Ya verás como dentro de unos días, habrás superado tu… tu problema. Volverás a la vida de antes. Volverás a estar bien. Si quieres podemos quedar un día para comer… bueno, o para cualquier otra cosa, no tiene porqué ser a comer, podíamos ir de compras, o al cine… 

-Adiós Livia, espero que te recuperes pronto y… bienvenida- Le digo mientras voy empujando a Alicia hacia la salida… Livia no se despide, pero la oigo decir a mi espalda: 

-“Volver a la vida de antes… Volver a la vida de antes..."

Ya en el parking, le digo a Alicia:

-Vete tú, yo prefiero ir paseando. Así bajo lo que hemos merendado. 

-¡Pero si sólo he merendado yo! ¿No prefieres que te acerque a casa en coche, no tenías prisa?

-Ya no, tengo un mensaje de Fran que no viene a cenar. 

-Vente a cenar a casa con nosotros, nena, así no cenarás sola, mujer. Hoy me dejas un poco preocupada… estás rara, más de lo normal… 

-¡Que te vayas, pesada!. Estoy bien, estoy como siempre.  


A la hora estoy en la cinta de correr. Verdaderamente Matías es muy atractivo. Se ha traído al gimnasio a las dos rubias diseñadoras “barra” modelos. Aunque muy modelos no deben de ser, tienen los tobillos muy gordos, igual que los muslos. Y son bastante caderonas. 

Diez Minutos más y habré perdido 600 calorías. Yo creo que es lo que equivale a unas tortitas con nata y chocolate. Apenas he sudado. Voy a entrar a la clase de GAP. 

Bajo de la cinta y cojo la toalla. Bebo más agua. Miro el móvil. Tengo cinco llamadas perdidas de Alicia. Creo que tengo que distanciarme un poco de ella, se está volviendo muy controladora.


8 abr 2011

NIÑOS


-¿Qué le dice un ‘guevo’ a otro ‘guevo’? Pregunta María, la sobrina de Laura, con su media lengua de trapo, mirándonos uno a uno y nerviosa, deseando responder.
-‘¡Qué te cascooooo…!’ Todos nos reímos. Su padre la coge por los aires, parece una muñeca, la despeina, se ríen y la lanza a los brazos de Laura. Esta le hace cosquillas mientras caen en el sofá. María casi se hace pis de la risa y Laura también.
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-María es una cachonda, con lo pequeña que es, la muy bruja…
-Sí, lo es.
-Pero no para quieta, igual que su hermano. Y ya cuando han venido los otros dos primos…  La que se ha montado, eh?
-Sí, menudo lío.
-Tus sobrinos son muy graciosos, pero sinceramente, estaba ya deseando que nos fuéramos.  Se descontrolan enseguida.
-Son niños… 
-Bueno, lo importante es que ya pasó, hasta el siguiente cumpleaños. Si quieres ahora te dejo en el portal y vas subiendo y poniéndote cómoda. Mientras  yo me acerco al Opencor y compro una botellita de vino, ese que te gusta tanto… El Vega Sicilia, compro también algo de picoteo ¿te parece?
-Vale, aunque no tengo mucho hambre.
Subo por las escaleras de dos en dos, llevo el vino y he comprado una bandeja de sushi en el Japo que hay al lado del Opencor, a Laura le encanta. En cuanto abro la puerta, la veo sentada en el sofá, descalza. No se ha quitado el abrigo. El bolso está en el suelo junto a los zapatos de tacón. No sé por qué pero me lo esperaba. Lleva rara estas últimas semanas y hoy en particular. Lo del vino ha sido el último intento de retrasar lo que se me viene encima… de todas formas, no está de más, seguro que después de la tormenta, me la beberé yo sólo. Hubiera preferido un pack de cervezas.  
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-‘Quiero tener un hijo’. Dices en bajo, mirándote los pies, que juguetean con las rayas del parquet.
-Dijimos que nunca más íbamos a hablar de esto.
Entro en la cocina, dejo el vino en la encimera. Me paro, tomo aire, me desabrocho la camisa.
-Ya lo hemos hablado antes. Acordamos no tener hijos.
-Quiero tener un hijo.
-¿Y qué hay de lo que yo quiero, Laura? No quiero sacrificar todo lo que tengo ahora y volver a pasar por lo que pasamos. Así estamos bien. ¿No estás contenta con el modo de vida que llevamos? Todos los viajes por medio mundo, nuestro estudio en el centro, la libertad de hacer lo que queremos, nuestros trabajos, nuestros hobbies…
-Quiero tener un hijo.
-¿Y qué hay de nuestros domingos especiales? Solos, tú y yo. Hacer el amor sin prisas, desayunar tres veces, leer el periódico en la cama...
-Ya no quiero esos domingos. Quiero tener un recién nacido, ayudarle en sus primeros pasos. Quiero una fiesta de cumpleaños como la de María y que me cuente chistes.
-Pero esa es la parte bonita, Laura. Piensa en el día a día, en dedicar tu tiempo y espacio al bebé. Las noches en vela sin dormir, los cólicos, los lloros. Adiós a salir por la noche, adiós a los cines en versión original, adiós a las escapadas de fin de semana a donde nos venga en gana. Es un constante sacrificio…
-No quiero salir ya los fines de semana. Quiero quedarme en casa con mi hijo. Ayudarle a hacer los deberes, acompañarle a los partidos de fútbol o ir a buscarla a la academia de ballet. Quiero un día de reyes, visitar el zoo, enseñarle donde trabajo, leerle un cuento por la noche… Quiero ser madre.
-Pero ¿por qué? Nuestra vida es perfecta tal y como está ahora. Tenemos un trabajo que nos gusta, y al que le dedicamos mucho tiempo, pero no nos importa, porque nos gusta. No tenemos obligación de volver a casa a ninguna hora. No tenemos presiones de guarderías, colegios y cuidadoras…
-No quiero que nadie cuide a mi hijo. Quiero ir yo misma al colegio a  buscarle. Cuidarle cuando esté enfermo. Quiero regañarle, ayudarle a elegir carrera universitaria y sentirme orgullosa de él y que él lo esté de mí.
-¿Renunciarías a tus dos horas diarias de gimnasio? ¿Al vientre plano del que tan orgullosa estás por otro fofo y con estrías? ¿Renunciarías a este estudio por una urbanización familiar a las afueras? ¿Y qué más, Laura? ¿Quieres un perro y una casita en la sierra para ir los fines de semana?
-Sí.
-No me hagas esto, por favor, acordamos no tener hijos…
-Quiero tener un hijo…
-Laura, cariño, antes de tener un hijo… Tienes que quedarte embarazada.
-Me quedaré. Esta vez tengo un pálpito. Me costará menos que las otras veces, lo sé.
-Aunque lo logres, lo logremos… Ese embarazo debe llegar a buen fin y las posibilidades, como nos dijo tu ginecólogo, son muy escasas, casi remotas.
-Lo conseguiré, lo sé, juntos lo conseguiremos esta vez.
-Lo mismo dijiste las otras veces. ¿Cómo puedes querer pasar por todo ello otra vez? Las primeras veces éramos más jóvenes, más fuertes, teníamos esperanzas, nos repusimos rápidamente, pero la última vez… Casi nos hundimos en el intento y por eso acordamos no tener hijos.
-Me iré si no estás conmigo en esto.
-Me iré yo si no cumples nuestro acuerdo.
Llegué a la cocina arrastrando los pies. Cogí la botella y la descorché. Antes de beber el primer sorbo a morro, ya estaba borracho. Sin soltar la botella me fui al dormitorio solo.