Es casi media noche. Se cierra la puerta de la Sala 6 del Tanatorio de Madrid Sur. Solo quedan una madre, una hija y el cadáver del padre en el ataúd.
-Bonito conjunto para asistir al velatorio de tu padre. Tú siempre dando la nota. ¿La última provocación? ni muerto le das tregua…
-Vengo directa del aeropuerto, mamá.
-Pero sabías adonde venías ¿o todavía tengo que decirte lo que te debes poner? A mí no me engañas, te conozco y sé que lo has hecho aposta. Mira… hoy no estoy de humor, lo que me sorprende es que lo estés tú… Al fin y al cabo, era tu padre.
-Venga hombre, no te pongas melodramática como siempre, mamá, que no lo he hecho aposta. Con las prisas, hice una pequeña bolsa con dos o tres cosas, un neceser y poco más. No caí en cambiarme. Es la ropa que me puse esta mañana, y bueno… son unos vaqueros y una camiseta.
-¡De colorines!
-De colorines, sí, ¿y qué? No me vengas con el rollo del luto. Ya está pasado de moda. El dolor se lleva por dentro.
-¿Por dentro? Dudo mucho que tú y tus hermanos hayáis experimentado mucho dolor. De ser así, hubierais intentado pasar más tiempo con él y no lo que habéis hecho: alejaros y vivir cada uno su vida, ajenos a que vuestro padre se estaba muriendo. Me lo he tenido que tragar yo todo. ¡Yo solita! Se muere vuestro padre y sus tres hijos en tres países diferentes. Tu hermano Uge llegará justo al entierro, eso sin contar que su avión se retrase… si es realmente lo ha tomado...
Estoy cansada y más si pienso en las próximas horas que me esperan aquí en el tanatorio con mi madre. Y no contemos con mi padre, al otro lado de la vitrina. Qué raro me parece que, estando presente, no nos haya chillado todavía a alguna de las dos. Claro… es lo que tiene estar muerto. Al menos esta vez no nos perseguirá por toda la casa lanzándonos lo que pille, no hará falta que me tape la cara para que no queden moratones y no tendré que desear que se muera porque ya lo está.
-¿Quieres un café, mamá? ¿Un sándwich? ¿Bajo al bar a por algo?
-Cualquier excusa es buena para escabullirte ¿eh? Te veo más delgada. Tienes la cara fatal. ¡Imagino cómo vives allí!
-No hace falta que imagines nada. Te lo he contado varias veces. De nuevo te digo que vivo muy bien. Tengo la suerte de que mi trabajo me permite estar en un país y otro. Cuando me canso, cambio de aires.
-Cambiar de aires. Muy maduro. No sé para qué te has quedado. He estado sola con tu padre estos últimos años. No me importaba quedarme una noche más.
-Cuando te he preguntado que si querías que me quedase contigo acompañándote, me has dicho que sí.
-¡Qué quieres que te dijese! Estaba toda la familia. Y hombre, ya que has llegado hace dos horas, es lo menos que puedes hacer, ¿no?
-No he podido venir antes, mamá. Cogí el primer avión.
-Claro, seguro. Sólo hay un avión al día para volar a Madrid… Y luego tus hermanos… Que no entienden eso de velar al muerto por la noche, me dice Uge. Que en muchos sitios, según mueren se incineran o se lanzan al mar y ya está. Que lo del velatorio es inhumano, que así solo se alarga el sufrimiento de las familias… Estará sufriendo él mucho… Pues resulta que el muerto es vuestro padre.
Veo los dos sofás que hay en la sala. Tienen pinta de cómodos. Quizás pueda echar una cabezadita, siempre y cuando mi madre deje de hablar de los malos hijos que somos… Una y otra vez, no falla… Ahora empezará a leernos la cartilla uno a uno. Empezará por el pobre Antonio.
-¿Y tu hermano Antonio? que se ha presentado esta mañana con la mujer esa y sus dos hijos. Justo cuando más gente había.
-Deberías estar agradecida. Es el primero que ha llegado y ha traído consigo a su familia… es lo normal, ¿no?
-Siempre fue muy inocente. Tu padre siempre le decía desde bien pequeño: “Toni, a ti te engaña todo el mundo, de bueno… eres tonto y con eso no se va a ninguna parte” y efectivamente, ahí lo tienes: médico en la seguridad social, dos divorcios y cargando con esa y dos hijos que no son suyos. Tu padre le advirtió que esa no era trigo limpio y el tonto de tu hermano, ni quiso escuchar. Se lió la manta a la cabeza y que no le diéramos a elegir, nos dijo, que se quedaba con ella. Claro que eso fue lo último que dijo antes de que tu padre le cruzara la cara. Y no era para menos. ¡Ojo! que le dolió más a tu padre que a tu hermano.
-Esa mujer, como tú la llamas, resulta que le hace feliz. Eso es lo único que te debería importar. Y es más, al paso que vamos Uge y yo, posiblemente los hijos de esa mujer sea lo más parecido a nietos que vayas a tener en toda tu vida.
Vale, sé que no tendría que habérselo dicho, pero sólo ver la cara de ira que ponía me hizo gracia. Sé que fue cruel, sí, pero qué se yo… empezaba ya a perder la paciencia y tenía hambre y sueño...
- Uge, otro que tal baila… le pagamos también la carrera, el máster, el postgrado en Europa y cuando está en una de las mejores compañías del Estado, nos dice que no le llena, que eso no es lo que quiere en la vida, que se va de cooperante a no sé qué país de Sudamérica. Y desde entonces, una llamada cada dos meses y poco más. Claro que tu padre le dijo que hasta que no llevara una vida normal, no apareciera por casa y que no quería saber absolutamente nada del trabajo que hacía, si se le puede llamar trabajo a lo que hace. Tanto estudiar, tanta formación, para luego pasar hambre y miseria. De los tres, tu padre siempre le vio a él, a Uge, el que más éxito tendría… Mira donde ha acabado, fue el que más le decepcionó.
-Tus hijos salvan vidas, mamá, a ver si te enteras.
-Sí, claro, uno, médico de cabecera y el otro construyendo casitas en un pueblucho perdido en mitad de la selva, y tú, tú, bueno… es que no sé, al final, lo qué haces tú, sinceramente… Nunca nos has presentado a algún novio, por lo que me dices, no piensas tener hijos… ¿qué esperas de la vida? ¿Vas a estar deambulando de un sitio para otro siempre? Mira que no siempre va a estar mi casa y la de tu padre para cuando se te antoje venir. Un día volverás y la puerta estará cerrada y mucho me temo, que no va a ser muy tarde…
Se cierra la puerta la puerta de la sala 6 y se oyen unos pasos que se alejan corriendo en medio de la nada. La madre se ha quedado sola sentada en el sofá de cuero negro en frente de su marido. Solo les separa el cristal. Puede verle perfectamente asentir orgulloso a todo lo que le ha dicho a su hija. Esta vez no le podrá decir que ha sido una blanda… Alguien tiene que poner las cosas en su sitio, ahora que él no está.
-Me has dejado sola. Realmente me has dejado sola.
Su 25/03/2011