Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

2 mar 2011

LA VIEJA


Son las nueve en punto de la mañana y con precisión alemana, el tren con destino a Brujas se aproxima al andén 4 de la estación central de Bruselas. Llevamos tres días por centro Europa, moviéndonos sobre todo en trenes y estamos encantados de que los planes van según lo previsto. Después de Brujas iremos a Gante, en el tren de las 17.35h.
El andén está lleno. A pesar de ser un martes muy frío de principios de Diciembre, la gente está animada, charla, ríe, beben café en vasos de los Take Away, incluso se oye ladridos de perro. Por cierto, que no me acostumbro a que aquí, en Bélgica, los perros puedan estar en todos los lados: estaciones, restaurantes…Hace frío, como en casi todas las grandes estaciones de tren en invierno, pero hoy especialmente se puede ver el vaho de cada uno de nosotros al hablar. Noto divertida que la mayoría de los que estamos en el andén somos españoles. Las personas que hay en las otras vías no paran de mirarnos con envidia, porque se nota que estamos de vacaciones o de vergüenza ajena por nuestro griterío y por nuestros gorros de colores chillones y bufandas exageradas.               
Llega el tren y con educación dejamos apearse a las personas del tren pero mientras estamos subiendo, oímos un gran golpe, como si se hubiera caído un árbol. Miramos, miro hacia atrás y veo un bulto grande y oscuro en el suelo, en milésimas de segundo que yo creo años, me doy cuenta que es un alguien que se ha desplomado, apenas a nuestras espaldas. Con la misma educación de antes, todo el mundo permanece dentro del tren, incluso se apresuran a encontrar una butaca vacía, y ya acomodados miran por la ventanilla lo que ocurre. Mis dos amigos y yo nos hemos bajado.
Al principio me da miedo descubrir quién será la persona que se ha caído, parece enorme y donde está la cabeza, se ve un pelo enmarañado. ¿Y si es un borracho que ha llegado al límite de alcohol permitido y no lo ha soportado más? ¿Y si es un vagabundo, sucio y andrajoso harto de la vida? ¿Y si me asesta un golpe en el estómago en cuanto le toque? El bulto debe pesar unos cien kilos y yo la mitad.
Automáticamente, volteamos entre los tres, no sin gran esfuerzo, aquel bulto y descubrimos una cara que empieza a ponerse morada de una vieja. Los ojos los tiene abiertos pero sólo expresan vacío, son grises y están inyectados en sangre. El pelo bien teñido cae hacia atrás. Le desenrollamos el foulard de dos vueltas que lleva sujeto al cuello, las gafas se le han desprendido de la cadena de oro y el Fox terrier, que no se separa del cuerpo de la vieja, no para de ladrar. Miro por encima el bolso de mano de la señora, no sé,  por si me dice algo importante, no encuentro nada relevante,  sólo veo que es de Louis Vuitton o al menos una buena imitación. Y ella, no hace ningún movimiento, no parece sufrir, la vieja no respira.  
Miro a mi alrededor, el andén antes bullicioso se ha convertido en un pasillo frío, sucio y silencioso. Mi amigo Ernesto le practica el masaje cardíaco y después de un par de minutos, el boca a boca. De golpe, empieza a respirar de nuevo, pero pesadamente, comienza a salirle sangre de la boca a borbotones, por la oreja y también sangra por un ojo. La gente que va acercándose al andén para coger el siguiente tren, mira desde lejos con las manos en la boca. El más atrevido, viene con las gafas de la vieja, y nos las da. -Se han roto los cristales, nos dice. Subo al Hall principal en busca de ayuda, la vieja se está muriendo, eso lo tengo claro.  También mi amiga Raquel y me mira suplicante para que no tarde.
Diviso a dos policías, les cuento como puedo lo que ha pasado. En las clases de francés, nunca estudié una situación así, por lo que descubro que mis gestos, son bastante mejores que mi vocabulario. Ellos actúan rápido y en pocos minutos, se presenta lo que sería nuestro Samur pero belga y más policías, muchos de ellos vestidos de paisanos. Cierran la vía, desvían los trenes y acordonan la zona. No quiero a nadie en el andén – dice el que parece el jefe- excepto a esos tres. La policía se encarga de preguntarnos sobre la vieja, dónde estaba ella, dónde nosotros, cómo fue… mientras, el Samur belga sigue intentando salvarla. La cosa no pinta bien, pues tras varias intentonas, de masaje cardíaco y respiración artificial, le practican una traqueotomía allí mismo.
A la hora, se llevan a la vieja en una camilla en estado muy grave hacia el hospital. A nosotros, a una unidad móvil a firmar nuestra declaración de los hechos y tomarnos nuestros datos de contacto.
Después de todo el papeleo y palabras sinceras de agradecimiento, volvemos solos a la estación. Está igual que cuando llegamos a primera hora de la mañana.  Sólo que hace apenas una hora, una mujer ha estado a punto de morir, o murió durante unos segundos… Quién sabe si no está muerta ya…
Bueno, no todo sigue igual…. En el display de los horarios de trenes, vemos que el próximo tren a Brujas sale a las 13.05h. El andén está pendiente de asignar. Maldecimos nuestra suerte, nuestro ánimo está apagado; no se nos va de la cabeza la vieja. De repente, nos miramos los brazos, las manos y nos quedamos estupefactos:
Mi amigo Ernesto, lleva en la mano derecha las gafas rotas.
Mi amiga Raquel, lleva el bolso de Louis Vuitton.
Y yo llevo una correa con el Fox Terrier de la anciana.

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