Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

2 mar 2011

ESCENARIO DE UN EXAMEN




El otro día en la radio escuché que no sé cuál escritor, preparaba concienzudamente el escenario donde escribía, siempre lo hacía a mano, en un cuaderno de líneas y siempre al alba. Me recordaba a mí misma cuando estudiaba la carrera. Yo siempre lo hacía en mi habitación, previamente ventilada, ordenada y limpia. Con una buena dosis de café y por las noches. Sobre el escritorio, los apuntes pulcros y todo un batallón de bolígrafos, rotuladores y lápices. Siempre fue así hasta que enfermó mi padre y estuvo ingresado ocho meses.

Fueron meses muy duros en los que toda la familia nos turnábamos para no dejarle sólo ni un momento. Y así es como aprendí a estudiar en cualquier lado: en la butaca de al lado, en la silla coja de enfrente de la cama, en la sala de visitas y en los pasillos mientras limpiaban la habitación. Me di cuenta que los escenarios que tú mismo te impones, se pueden saltar a la torera e improvisar si la necesidad y/o la circunstancia así lo requieren.

En ese tiempo, muchos fueron los compañeros de habitación que conocimos, pero hubo uno, Jesús, que realmente nos impresionó a todos, y a mí, me marcó en especial.

El tiempo en los hospitales es sucio y eterno, pero gracias a él, se nos hizo más ameno. Había llevado una vida fascinante y no paraba de contarnos anécdotas y aventuras que había vivido. De joven, había luchado en la División Azul contra los rusos en la segunda Guerra Mundial, cuando acabó la guerra, volvió a España, se casó, tuvo hijos, montó una imprenta que le hizo rico y se dedicó a viajar. Conocía cualquier parte del mundo, había escalado los picos más importantes de Sudamérica, había buceado en los mares más bellos del mundo y cuando no estaba su mujer, nos contaba sobre las mujeres que en sus viajes había seducido. ¡Menudo tuvo que ser Jesús de joven! si le miraba detenidamente, todavía conservaba rasgos atractivos y el porte era enérgico y decidido. También era inteligente, y sabía, que con lo que le había diagnosticado,  difícilmente saldría del hospital.


La noche anterior al examen de fin de carrera, me quedé en el hospital con mi padre, lo tenía más que estudiado así que no me importó y aproveché poder hablarle de mis planes futuros una vez empezara mi vida laboral. Ya tarde, se quedó dormido y dediqué a repasar los apuntes en la penumbra de la habitación hasta el amanecer. Cuando releí la última hoja, me recliné en la butaca, pronto empezaría el barullo del hospital, y quizás me diera tiempo a echar una cabezada. Miriam me hizo una señal de que se iba a la cafetería, me estaba quedando dormido cuando oí un ruido, abrí un ojo, y vi a Jesús que abría la ventana, se subía al marco ágilmente, se apoyaba en la peana y sencillamente se tiró.  

Yo no daba crédito a lo que acababa de suceder, me quedé paralizado mientras me subía un calor horrible del estómago a la cabeza y volvía a bajar en forma de arcada. Automáticamente me dirigí a la ventana y me asomé. El cuerpo de Jesús yacía de cualquier forma en el suelo. Con el pijama del Hospital y descalzo.

Lo que vino después fue surrealista, Miriam entró en la habitación, y me vio asomada a la ventana; desde la puerta, me preguntó:

-         ¿Se ha tirado? Seguro que se ha tirado, si me lo venía diciendo estos días, “yo no me voy a dejar morir en la cama de un hospital, antes me quito la vida” y lo ha hecho, lo ha hecho este hombre. ¿ Tienes monedas sueltas para llamar a mis hijos? Porque les tendré que avisar, claro...... ¡ah, mira! no hace falta q me las dejes, tengo aquí las de la tele.








Yo ni había abierto la boca, estaba pasmada por la naturalidad con que se lo había tomado, a todo esto, miré a mi padre y vi que se estaba riendo la vez que intentando guardar la compostura, me imagino, conociendo su humor negro, que era toda una historia para contar. Le venía al pelo, y ya la intervención de la señora....

Cogí el timbre para llamar a la enfermera, alguien tenía que informar de lo que había pasado y Miriam se había ido, así que pulsé y me contestaron como si lo hicieran con un megáfono:

-¿QUÉ QUIERE?
-Hola, sí…, soy de la habitación 609, que el compañero de mi padre se ha tirado por la ventana.
-¿QUÉEE?¿QUE LE CAMBIEN LA CAMA?
-Nooo, ¡qué se ha tirado por la ventana!
-¿QUE NECESITA A LA CIRUJANA ?
-¡NO! QUE SE HA TIRADO POR LA VENTANA, QUE ESTÁ ESPACHURRADO EL TÍO DE AL LADO,  SEIS PISOS MÁS ABAJO, QUE VENGÁIS A VERLO, COÑO!
-Tranquilícese señora, que no hace falta gritar, y ¿ no podría esperar a que lo haga el cambio de turno?



A la hora salí del hospital, necesitaba caminar y analizar lo que había sucedido en la última hora. Fui directo a la facultad, no me dio tiempo a pasar por casa. Y así hice mi último examen de carrera. Lo aprobé con buena nota, pero mientras lo hacía, no dejé de pensar en Jesús, en mi padre y en Miriam. Nunca olvidaré esa noche.

Da igual lo limpio y ordenado que esté tu alrededor cuando estudias, trabajas o escribes, sentado en tu mesa, de cara a la ventana, quizás, en el momento de mayor concentración, veas sin más un cuerpo caer.

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