Rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas e inmediatamente los llevan al nido de maternidad. Me encanta ver a los papás y a las mamás como tras el cristal, intentan hacer sonreír al hijo que no es suyo y como del suyo propio, 3 cunitas más allá, pasan olímpicamente. Más aún, cómo les miran pensando que es carne de su carne, sin serlo. A mí nunca me quisieron mis padres y mientras siga yo trabajando en este hospital, a estos niños, tampoco los suyos.
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