Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

22 mar 2011

LA BODA DEL PUEBLO



Toda mi familia está dentro del castillo hinchable. Desde aquí, desde el suelo sentada, los voy metiendo. Saltan y saltan cada vez más alto, ríen y uno a uno el castillo se los va tragando. Desaparecen. De fondo está la canción de “Paquito, el chocolatero” que está tocando la orquesta que mi prima Loli ha contratado para su boda. Quizás los meta a todos en el castillo también, con los demás, instrumentos incluidos y hasta el escenario… Primero metí a mis hijos: Fran y Quique. Luego a Paco, mi marido. A Padre y Madre también los metí. Mis dos hermanos, mi cuñado y mis antiguas amigas: la Pura y la Luci. A los novios, también  ¡se acabó la boda!

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Hoy se casa mi prima Loli en el pueblo. Ya lo tengo casi todo preparado. Son las siete de la mañana. No he despertado todavía a los niños, lo haré justo antes de salir. Paco está en la cocina fumando un cigarrillo después del café. La radio está muy alta, yo creo que está quedando sordo. A ver que no se me olvide nada: La ropa de los niños, la otra ropa por si se manchan. El traje de Paco, otra corbata por si se mancha. Los pijamas. El pañal de la noche para el Fran, que en cuanto le saco de casa una noche se me mea en la cama. La ropa del día siguiente para “la tornaboda”, mudas para los niños y para Paco. Crema para el sol, que estos primeros rayos de primavera son los más peligrosos, lo dijeron en ‘Saber Vivir’, el neceser, el calzado… todo. Y ahora los encargos: Los sujetadores de mi hermana Maria Jesús, que en el pueblo no hay de los que sujetan bien y sean bonitos, las zapatillas para madre, que se empeñó en que fueran iguales que las mías. Ayer al final no las tenían en la zapatería del barrio y me tuve que ir a la otra zapatería que tienen en Parla a por ellas. Las gafas de cerca de padre ya graduadas y el segundo par idéntico, por si se las rompe, que las romperá en breve y otra vez tendré que volverlas a encargar. Le llevo a mi sobrina los tres libros de los Vampiros esos que me pidió por su cumpleaños. Las cuatro empanadas para la tornaboda.  ¡Caray con las empanadas!  me quedé hasta las tres de la mañana para hacerlas. Ayer, de camino a Parla, me llamó la Loli para pedírmelas que pensaba que había poca comida y claro, como para decirle que no a la novia. Lo de tener la ‘Thermomix’ ha sido un error. No hago más que cocinar para otros y ni agradecida.  

¡Pero si se me olvidaba mi vestido! Con las prisas de toda la semana ni me lo he probado. Está tal y como lo traje hace tres años de la tintorería, después de la boda de mi hermano el pequeño. Me voy  a retocar el pelo y a maquillarme. Vale, justo acaba de entrar Paco en el baño con ‘El Jueves’ en la mano, hasta dentro de media hora ya no sale. Voy despertando a los niños y dándoles algo de desayunar, aunque no sé si será peor, no sea que se revuelvan por el camino y vomiten. ¡Para qué quiero más…! Paco me mata si le manchan la tapicería de la Picasso nueva.

Hemos llegado al pueblo ya tarde. Quique ha vomitado en el coche y hemos tenido que parar. Según entrábamos por la puerta con las bolsas y los paquetes, Paco ha salido con mis hermanos caminito al bar –estaré donde el Nicasio- me ha dicho. Claro, es el bar que da a la plaza donde está la iglesia. Sin salir, ve llegar y salir a los novios.  Yo a este no le saco del bar en todo el día. Si me saca a bailar será un milagro.  Padre ni me ha saludado y Madre dice que le quedan pequeñas las zapatillas, que se queda las mías. Hace más frío de lo que pensaba y no he traído chaqueta a los chicos. Mi hermana Maria Jesús me ha dejado unas de sus hijas. Se notan que son de niña… pero es peor que cojan frío, ¿no? Como se entere Paco que llevan las chaquetas de sus primas... ¡Le da algo!. Bah, no creo que se dé cuenta. 

Paso a la alcoba de padre y madre. Nos la han dejado a Paco y mí para esta noche. Me abrocho el cinturón del vestido, me lo he tenido que desabrochar para sentarme en el coche. Me queda demasiado estrecho y se han quedado marcadas todas las arrugas alrededor de la tripa.  No sé cómo pude suponer que el vestido me quedaría igual que hace tres años, antes de tener al Fran. Lo peor es que no me he dado ni cuenta. Dios mío, que cansancio llevo encima. Echo un vistazo a la alcoba. Desde que tengo uso de razón, está igual. Me recuesto sólo un minuto en la cama desde donde veo el espejo grande. ¡No me habré mirado yo horas y horas en ese espejo! El único grande que hay en la casa. Me levanto y por una vez en mucho tiempo, me miro detenidamente de arriba abajo. No queda nada de la mujer que era hace diez años. No se me resisten un par de lágrimas, quizás más. Ni me he depilado, lo he olvidado ¡como he podido olvidarme de una cosa así! Oigo a los niños de lejos. Están con mi hermana y madre echando de comer a las gallinas. Corro al baño mientras me seco los ojos con el dorso de la mano.

Cojo una de las cuchillas de afeitar de padre. Me enjabono las piernas y me paso la cuchilla rápidamente. Aprovecho y me la paso también por las axilas. Me seco las piernas con la toalla, también los ojos. Esta toalla lleva con mis padres más que yo misma. Me seco también las axilas, y mientras lo hago, me miro las piernas, que empiezan a brotarle sangre. Me he cortado sin darme cuenta cuatro o cinco veces.  El pelo, no hay forma de recomponerlo y el maquillaje desde las siete de la mañana, se ha absorbido todo y el rímel lo tengo corrido.  Ojalá tuviera un día más. Me compraría un vestido nuevo, unos panties…

Me he tenido que salir de la iglesia con los niños. No hacían más que pegarse. Desde la puerta veo a Paco en el bar. Lleva en la mano el botellín de cerveza. Parece que nació con él puesto. Además lleva un palillo en la boca ¡mira que le tengo dicho q no se ponga el palillo, que me da un asco que no puedo! Si es cuando viene al pueblo se embrutece y mira que la que soy de aquí soy yo y no él… pero esto le encanta, es feliz en el pueblo.

No encuentro a Quique. Fran sigue llorando en mi hombro. Perfecto, ahora tengo una mezcla de babas y mocos en toda la pechera del vestido. Paco viene con Quique de la mano, -ya podías hacerte cargo de él- me dice. Me lo deja, y se vuelve al bar enfadado.

Intento que el Fran no se manche mucho mientras se tira al suelo, yo ya no puedo con él en brazos. El Quique, quiere volver con su padre y me da patadas, también desde el suelo. Los dos están llorando. Y yo de tanto agacharme y levantarme, me doy cuenta que se me ha descosida las presillas de la cintura del vestido. Vamos que me  han estallado. Menos mal que sale mi hermana para echarme una mano.

Entre lo mal que me queda el vestido, el descosido y los mocos de Fran estoy hecha una pena. No me vale nada de lo de María Jesús, así que al final me he puesto un vestido de mi madre. Pensé que me quedaría grande, y sin embargo, me queda perfecto. Eso sí, el modelito es para echarle de comer aparte , pero bueno…  a ver si pasa pronto este maldito día.

La comida ha sido un asco. Paco ha estado casi todo el tiempo en la mesa de los solteros. Ya iba con la copa, bueno… a estas horas ya todos los hombres de la familia van igual. Yo apenas he comido algo. Casi todo el tiempo me he quedado en la mesa de los niños para controlarlos y hacerles comer algo.  

Los zapatos me están matando y la cabeza me está empezando a doler. Los niños no quieren estar sentados. Se levantan, me cogen de la mano. Quieren que les lleve fuera. Han montado un castillo hinchable. Le digo a Paco que les lleve. Me dice que no puede que se van a casa del Nicasio, el del bar, que les va a enseñar unos perros de presa y de paso van a probar un vino que hace él en su bodega. Hoy. No puede ser otro día, tiene que ser hoy.  

Veo a mis amigas del pueblo: la Pura y la Luci. Hacía mucho que no las veía. Desde que me fui del pueblo, perdí contacto y cuando vengo, apenas salgo de casa. Me da rabia reconocer que están bastante guapas. Me miran sonrientes. Seguro que se están riendo de las pintas que llevo.

Mi hermano mayor viene a sacarme a bailar. Otro que va fino. No quiero bailar. Quiero estar un rato sentada en la mesa. Además no quiero pasearme mucho con este vestido. Mi hermano se pone pesado. Me estira del brazo, cada vez más fuerte. Al final me levanta, y del estirón, me caigo encima de él. Se le derrama toda la copa encima de mi vestido. Los dos estamos en el suelo. La gente se ríe, mi hermano se levanta y se vuelve a caer a dos metros. La gente se ríe más. Yo me quedo sentada. No puedo moverme.

Veo a los niños a mi lado, también se están riendo, le ha hecho gracias ver a su madre caerse al suelo. Paco ni se ha dado cuenta.

 Un odio contenido me sube por todo el cuerpo. Veo el castillo hinchable y pienso que si me concentro mucho, mucho, mucho… podría hacer que todo el mundo desapareciera.

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Después de hacer que desaparezcan todos, salgo del restaurante. Tiro por la calle mayor y sigo andando hasta el final, donde está la marquesina de los autobuses de línea. A punto de salir está el que va a Madrid y te deja en la Estación Norte. Son las cuatro de la tarde. Me da tiempo de sobra para llegar a casa, tomar un baño e ir a comprarme algún vestido. También me pasaré por la peluquería, que me corten el pelo y me maquillen de nuevo. Luego me voy a ir a cenar tranquilamente y después al cine. Este va a ser el plan de esta tarde.

Mañana volveré al pueblo. Desenchufaré el castillo hinchable y según se vaya deshinchando recuperaré a toda mi familia. Pero no hoy.         

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