Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

8 abr 2011

NIÑOS


-¿Qué le dice un ‘guevo’ a otro ‘guevo’? Pregunta María, la sobrina de Laura, con su media lengua de trapo, mirándonos uno a uno y nerviosa, deseando responder.
-‘¡Qué te cascooooo…!’ Todos nos reímos. Su padre la coge por los aires, parece una muñeca, la despeina, se ríen y la lanza a los brazos de Laura. Esta le hace cosquillas mientras caen en el sofá. María casi se hace pis de la risa y Laura también.
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-María es una cachonda, con lo pequeña que es, la muy bruja…
-Sí, lo es.
-Pero no para quieta, igual que su hermano. Y ya cuando han venido los otros dos primos…  La que se ha montado, eh?
-Sí, menudo lío.
-Tus sobrinos son muy graciosos, pero sinceramente, estaba ya deseando que nos fuéramos.  Se descontrolan enseguida.
-Son niños… 
-Bueno, lo importante es que ya pasó, hasta el siguiente cumpleaños. Si quieres ahora te dejo en el portal y vas subiendo y poniéndote cómoda. Mientras  yo me acerco al Opencor y compro una botellita de vino, ese que te gusta tanto… El Vega Sicilia, compro también algo de picoteo ¿te parece?
-Vale, aunque no tengo mucho hambre.
Subo por las escaleras de dos en dos, llevo el vino y he comprado una bandeja de sushi en el Japo que hay al lado del Opencor, a Laura le encanta. En cuanto abro la puerta, la veo sentada en el sofá, descalza. No se ha quitado el abrigo. El bolso está en el suelo junto a los zapatos de tacón. No sé por qué pero me lo esperaba. Lleva rara estas últimas semanas y hoy en particular. Lo del vino ha sido el último intento de retrasar lo que se me viene encima… de todas formas, no está de más, seguro que después de la tormenta, me la beberé yo sólo. Hubiera preferido un pack de cervezas.  
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-‘Quiero tener un hijo’. Dices en bajo, mirándote los pies, que juguetean con las rayas del parquet.
-Dijimos que nunca más íbamos a hablar de esto.
Entro en la cocina, dejo el vino en la encimera. Me paro, tomo aire, me desabrocho la camisa.
-Ya lo hemos hablado antes. Acordamos no tener hijos.
-Quiero tener un hijo.
-¿Y qué hay de lo que yo quiero, Laura? No quiero sacrificar todo lo que tengo ahora y volver a pasar por lo que pasamos. Así estamos bien. ¿No estás contenta con el modo de vida que llevamos? Todos los viajes por medio mundo, nuestro estudio en el centro, la libertad de hacer lo que queremos, nuestros trabajos, nuestros hobbies…
-Quiero tener un hijo.
-¿Y qué hay de nuestros domingos especiales? Solos, tú y yo. Hacer el amor sin prisas, desayunar tres veces, leer el periódico en la cama...
-Ya no quiero esos domingos. Quiero tener un recién nacido, ayudarle en sus primeros pasos. Quiero una fiesta de cumpleaños como la de María y que me cuente chistes.
-Pero esa es la parte bonita, Laura. Piensa en el día a día, en dedicar tu tiempo y espacio al bebé. Las noches en vela sin dormir, los cólicos, los lloros. Adiós a salir por la noche, adiós a los cines en versión original, adiós a las escapadas de fin de semana a donde nos venga en gana. Es un constante sacrificio…
-No quiero salir ya los fines de semana. Quiero quedarme en casa con mi hijo. Ayudarle a hacer los deberes, acompañarle a los partidos de fútbol o ir a buscarla a la academia de ballet. Quiero un día de reyes, visitar el zoo, enseñarle donde trabajo, leerle un cuento por la noche… Quiero ser madre.
-Pero ¿por qué? Nuestra vida es perfecta tal y como está ahora. Tenemos un trabajo que nos gusta, y al que le dedicamos mucho tiempo, pero no nos importa, porque nos gusta. No tenemos obligación de volver a casa a ninguna hora. No tenemos presiones de guarderías, colegios y cuidadoras…
-No quiero que nadie cuide a mi hijo. Quiero ir yo misma al colegio a  buscarle. Cuidarle cuando esté enfermo. Quiero regañarle, ayudarle a elegir carrera universitaria y sentirme orgullosa de él y que él lo esté de mí.
-¿Renunciarías a tus dos horas diarias de gimnasio? ¿Al vientre plano del que tan orgullosa estás por otro fofo y con estrías? ¿Renunciarías a este estudio por una urbanización familiar a las afueras? ¿Y qué más, Laura? ¿Quieres un perro y una casita en la sierra para ir los fines de semana?
-Sí.
-No me hagas esto, por favor, acordamos no tener hijos…
-Quiero tener un hijo…
-Laura, cariño, antes de tener un hijo… Tienes que quedarte embarazada.
-Me quedaré. Esta vez tengo un pálpito. Me costará menos que las otras veces, lo sé.
-Aunque lo logres, lo logremos… Ese embarazo debe llegar a buen fin y las posibilidades, como nos dijo tu ginecólogo, son muy escasas, casi remotas.
-Lo conseguiré, lo sé, juntos lo conseguiremos esta vez.
-Lo mismo dijiste las otras veces. ¿Cómo puedes querer pasar por todo ello otra vez? Las primeras veces éramos más jóvenes, más fuertes, teníamos esperanzas, nos repusimos rápidamente, pero la última vez… Casi nos hundimos en el intento y por eso acordamos no tener hijos.
-Me iré si no estás conmigo en esto.
-Me iré yo si no cumples nuestro acuerdo.
Llegué a la cocina arrastrando los pies. Cogí la botella y la descorché. Antes de beber el primer sorbo a morro, ya estaba borracho. Sin soltar la botella me fui al dormitorio solo.

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