Cierras
el grifo, te envuelves con la toalla y sales de la ducha. Te quedas quieta unos
segundos sobre la alfombrilla del baño. Y te alejas unos pasos solo para ver
cómo queda desde el otro lado de la mampara, el corazón que acabas de dibujar
con el dedo mojado en el cristal ahumado y que además has atravesado con una
flecha que va desde la inicial de tu nombre a la suya. Al ver la estupidez
supina que has hecho te acercas otra vez al cristal y sobre el corazón dibujas
un seis y un cuatro...
Miras
el móvil que se está cargando en el lavabo. No hay ninguna llamada, ningún
mensaje, ningún whatsapp. ¡Maldito!
Te
miras al espejo. Ya no te reconoces si no es con al menos una fina capa de
maquillaje. Y un poquito de colorete. Y la raya. ¡Hombre! la raya hay que
llevarla sí o sí. Eso de salir con “la
cara lavá”, mira, eso ya es para
otras, las que vienen detrás, uff, qué fea expresión, piensas, sobretodo porque la has pensado tú. Porque hasta
hace poco, eras TÚ la que venías
detrás… ¿y qué pasó? ¿Cuándo adelantaste a todas?
Miras
de nuevo el móvil para ver si en el icono del whatsapp hay una estrellita roja
que te indique que hay un nuevo mensaje. Jodida estrellita roja… ¡ni atisbo de
ella!
Regresas
al espejo. Te levantas los pómulos, te alargas ambas sienes con las dos manos,
te estiras el cuello hacia abajo. Cómo se llamaba eso… ¿ácido hialurónico?
Miras
otra vez el móvil. Estrella roja-cero, furia-uno. No vuelvo a salir con un
cliente, te dices. Y encima hoy tengo que enseñar su piso. ¿Hay cobertura? parece que sí, pero por si
acaso te paseas hasta la ventana del dormitorio con el móvil alzado y haciendo
amplios giros con el brazo que lo sostiene. Vuelves al baño sin estrellita y ves
como el corazón dibujado en el cristal va escurriéndose gota tras gota por la
mampara. Miras el móvil. Estrella roja-cero, llegas tarde-uno. Sacudes la
cabeza y acabas de maquillarte. Adiós arrugas, calendarios y tíos que no llaman.
Para
no perder tiempo, optas por un clásico: traje negro. Si el cliente es mujer, te
da un toque de seriedad y si es hombre,
un look sexy. La camisa de seda. No
se ciñe pero transparenta ligeramente el sujetador caro que llevas. Antes de
salir una última miradita en el espejo. Bien. Una última miradita al móvil.
Mal.
–He
vendido el piso de Enric.
–¡Enhorabuena, Lola! Aunque te quedaste sin nidito de amor…
–Pero
gané mi comisión. Y ahora tengo el motivo perfecto para llamarle, ¿no?
–Pero tía, te ha salido redondo. Polvo y comisión. No te podrás quejar. Eso sí, ahora
que ya le has vendido el piso… olvídate de él. Es un gilipollas.
–No
sé porqué te cae tan mal.
–Es
un gilipollas.
–Es
encantador.
–Ya.
–Me
lo paso genial con él.
–
¡Ya! Y mucho menor que tú. Y seguro que sale con otras.
–Eso
no lo sabes. Y qué tiene que ver la edad. ¡No me mires así! Aparenta más. También salgo yo con otros.
–
¡Ya! Pero es que a ti te gusta, eso es lo peor de todo. Es un niño malcriado.
Está muy bueno, pero malcriado. Pásame la ensalada. ¿Hoy comenzamos otra vez la
dieta?
–
¡Claro! Es lunes. Hoy empezamos. No está malcriado. Se ha hecho a sí mismo…
–Otra
coca zero, por favor. A sí mismo, con el dinero y en la empresa de papá.
–A
mí otra. Pero es él quien lleva la empresa adelante. Y tiene una personalidad
arrolladora…
–Es
un egocéntrico.
–Y
puedes hablar con él de lo que quieras.
–Mira,
en eso te doy la razón. Hablar, habla por los codos, le encanta escucharse y
sabe de todo… ¡El es el más listo!
–¡Ay Vilka! estoy harta de todo esto, de verdad. De Enric, de los tíos en
general, de la inmobiliaria, del coche, de la hora punta…
–Ya.
A mí me pasa lo mismo: el día a día, Luís,
los nenes…entiéndeme, no es que…
–Ya,
ya…de la ciudad, de…
–No.
Yo de la ciudad, no. No podría vivir en otra. Me encanta. Y ya tenemos nuestra
vida aquí, pero tú, que siempre has querido irte…
–Ya.
–Quizás
ha llegado el momento. Nada te ata en realidad. Te podrías ir a algún sitio
diferente. ¿No te encantaba ese pueblo de la playa? No me acuerdo del nombre… buscarte
un trabajo sin mucho estrés, vivirías de puta madre. Calidad de vida, que se
dice ahora.
–Ya.
Lo que sale en las películas. Vivir en una casita blanca de una sola planta,
con una valla azul, el jardín con acceso directo a la playa, convivir con la
gente del pueblo…
–Buaah
¿te imaginas…?
–Y
además una playa salvaje, nada de que
esté atestada de gente, ¿verdad?
–Sigo
con hambre.
–Y
yo. Ojalá me pudiera ir. Pero luego las cosas no son tan fáciles.
–Solo
hay que dar el paso.
–La
verdad es que lo he pensado muchas veces…
pero tal vez me haya vuelto de ciudad como tú. Y esos pueblos son
deprimentes en invierno. Ni un alma por las calles. El clima húmedo. Sin
familia ni amigos.
–Ya
los buscarías, con el trato del día a día, en el trabajo…
–Quizás
antes… pero ahora, es mucho más difícil hacer amigos. Y encontrar un trabajo allí… si aquí hay paro,
allí ni te cuento.
–Es
cuestión de intentarlo.
–Y
si no sale bien… Volver. Qué fracaso. Hay que ser realista, Vilka…
–O
valiente, Lola, valiente… a lo mejor hay que echarle huevos…
–Le
llamo.
–
¿A quién?
–
¿A quién va a ser? ¿De qué estamos hablando?
–De
irte a vivir a la playa… ¿no?
–
¡Buah!
–
¡Ah, ya! Tú misma.
Llegas
a la oficina. Tienes mucho papeleo por hacer. Abres el correo y el primer email
es de Enric.
“Escuché
tu mensaje. No pude atenderte, estaba en una reunión y tenía el móvil en
silencio. Genial lo del piso. Dime cómo hacemos para formalizar la venta. Espero
que no se alargue mucho, me lo quiero quitar de encima cuanto antes…
Lola… Siento haber estado tan distanciado.
Soy un caso perdido, perdóname, pero ya
te advertí que estaba pasando por momentos muy estresantes en la empresa. Gracias por tu paciencia. Prometo compensarte
este fin de semana. Esta noche te llamo y hablamos tranquilamente.
Aunque
no he hablado contigo, no he dejado de pensar en ti.
Enric.
”
Suspiras
y cuando lo haces piensas en el día, no muy lejano, en que pondrás su foto
sobre tu escritorio. Pero ¿qué te está pasando? Suspiras. Años sin querer una relación
y en apenas un mes que conociste a Enric, el corazón de esta mañana y ahora el
marquito con su foto…
Reenvías
el correo a Vilka. Te mira sonriendo… «Bueno, a ver si resulta que se ha
enamorado de verdad…»
No
llegas al desayuno con Vilka. Demasiado vino, demasiada charla, demasiado amor…
No cabía todo en una noche. Era inevitable llegar tarde. Hoy te has visto guapa
cuando te has levantado, y más después de la ducha y si cabe, aún más después
de arreglarte. El día se hace cortísimo. Ventas-cero, Estrellitas-diez.
Llevas
unas semanas fatal. No se vende nada. Ni alquileres. Debes captar más pisos.
Ampliar la cartera de exclusividades. Seleccionas en el mapa una zona más y
empiezas a hacer búsquedas por internet.
Suena
la alerta del móvil y ves una estrella en el icono del whatsapp. Te ha llegado un
mensaje de Enric:
“Si
puedes salir pronto, podríamos cenar juntos. Yo por hoy, he terminado”
Qué
suerte tienen algunos… Pues yo hoy tengo para rato… Mientras estás apuntando
las casas que visitarás mañana, recibes otro mensaje:
“¿Llevas puesto hoy ese traje negro tan sexy ???”
¡Como
si los pisos se vendieran solos por llevar el traje…!
A
los cinco minutos, revisando la agenda del outlook,
te llega otro:
Tengo ganas de verte… y quitártelo”
Silencias
el móvil y sigues trabajando.
Después de una hora, te estiras levantando los
brazos y cruzándolos detrás de tu cabeza, te descalzas y te pregunta Vilka por
Enric.
–Está
un poco pesaíto…
–
¿Ahora está pesao? Tía, no hay quién
te entienda. Si no te hace caso porque no te hace caso y si te lo hace…
–No,
hombre, no digo eso. Pero es que estoy trabajando. Que parece que él es el
único que trabaja, y cuando no lo hace se pensará que el resto tampoco…
–No
le veo yo a este trabando mucho…
–Lo
que pasa es que no quiero ir tan rápido. Además es mucho más joven que yo… Y a
veces lo noto… ya sabes, la diferencia de edad al principio no importa, pero
luego…
–Pero
si la diferencia de edad ¡no importaba!
–Y
no importa… mucho.
–Y
era encantador.
–Bueno…
es muy majo.
–Y
tenía una personalidad arrolladora.
–A
veces me pone la cabeza como un bombo.
–
¡Y emprendedor!
–Trabaja
en la empresa de su padre tampoco es que...
–Ya.
–Me
gusta… pero me gustaría que fuese un poco más… maduro.
-
Lola...
Necesitas un cambio de aires pero ya.
–
¿No has dormido bien? Estás horrorosa.
–Gracias.
–De
nada. Han retrasado la hora de la firma del piso de Gabin Montero. Procura
dormir y
estar guapa. Está cañón. ¡Y viudo!
–
¿Gabin Montero? Mañana solo tengo la firma de Enric.
–Pues
eso. Solo que Enric no es el titular del piso. Esta mañana he recibido la nota simple.
El piso es del padre, él es el titular. ¿No lo sabías?
Está
en la barra del restaurante. Desde la mesa puedes ver como otras mujeres le
miran. Vilka tenía razón. Es un hombre muy atractivo. Enric será así dentro de
veinte años. Ha sido un día muy intenso. Habéis salido pronto de la Notaría. Todo
el importe de la venta del piso ha ido a parar a un cheque nominativo a nombre
de Enric Montero. Se casará pronto con su novia de toda la vida, te ha dicho
Gabin. Solo que le está costando dar el paso. Será mi regalo de boda. Luego te
ha invitado a comer y la comida se ha convertido en una larga sobremesa y finalmente
en cena. No habéis parado de hablar, tú especialmente. Primero de los pisos, de
la crisis inmobiliaria, de la economía, luego de la empresa de él y los
quebraderos de cabeza que le da. No paro de trabajar. Apenas tengo vida social.
Me he vuelto una persona apática e introvertida, aunque hoy no lo parezca.
Hacía mucho tiempo que no pasaba un día tan excepcional como el de hoy. Te ha
dicho mientras ha rozado su mano con la tuya. Luego ha pasado a un plano más
personal. Te ha contado que se casó muy pronto. Lo duro que fue cuando murió su
mujer. Y criar a Enric solo. Que le mimó
demasiado. Y que aún lo sigue haciendo mientras señala el sobre con el cheque.
Tú le has contado la intención de dejar todo y comenzar una nueva vida en otra
parte. Una ciudad más tranquila. Un pueblo costero, en el que veraneabas de
pequeña. Lo conoce. Él también ha veraneado allí, puede que hasta hayáis
coincidido sin saberlo y eso os ha hecho reír. El te ha animado a irte si
realmente es lo que quieres. Incluso te ha dado varios contactos que te podrían
ayudar a conseguir un trabajo. Pero antes de levantarse para ir a pagar la
cuenta, te ha dicho que espera que no, que no te vayas, que le haces sentir como
si tuviera diez años menos, que le gustaría seguir viéndote.
La
cabeza te da vueltas, ya metida en la cama. No sabes si es por el vino de la
cena, si es por haberte enterado que Enric se va a casar, o por el beso que te
ha dado Gabin cuando se ha despedido en el coche. Supones que por la mezcla de
todo. Te sientes traicionada por Enric pero también sientes que le has
traicionado y encima con su padre. Gabin. Es maduro, atractivo, interesante.
Quizás es la persona que te conviene. Podrías enamorarte de él sin duda. Quizás
lo estés ya un poco. Qué desastre. Es insoportable esta situación. Tienes que
hacer un cambio radical a tu vida. Te vas a ir. Aprovecharás la ayuda de Gabin
y te irás de la ciudad. Empezarás una nueva vida. En la playa. En un pueblo
pequeño, donde todo es más simple. Irte y dejar todo. Irte. Está decidido. Mañana
mismo empezarás a moverte. Y con ese
firme propósito, convencida, te has
quedado dormida.
Estás
en racha. Acabas de formalizar la venta de otro. Desde la firma del piso de
Gabin has vendido seis más. Este trimestre vas a llegar a objetivos de sobra.
Miras el móvil y ni un mensaje. Se iba con su novia el fin de semana pero te
llamaría hoy, te lo prometió. Todavía es pronto. Vas a comer con Vilka.
–
¿Crees que le debo llamar?
–NO.
–Dos
ensaladas y dos coca-colas zero, por favor. O le mando un whatsapp…
–NO.
–No
pasa nada por llamarle… como una amiga llamaría a un amigo.
–NO.
–Y
preguntarle qué tal, que qué tal le ha ido el fin de semana.
–Claro…
Y que te cuente con todo lujo de detalles lo que ha hecho con su novia. Ya
sabes lo que opino de este tipo de relaciones. No sigas. Lo vas a pasar mal. De
verdad.
–Ya.
–Hoy
me voy antes. Tengo que llevar a los niños a un cumpleaños, acercar a Luis al
taller y luego hacer la compra. Te juro que a veces lo dejaría todo y me iría
lejos…
–Ya. Yo también. Algún día lo haré. Estoy tan harta de todo…
–Ya.
Y
seguís comiendo la ensalada sin hablar. Te ha caído mayonesa en la chaqueta del
traje negro y por mucho que restriegas con la servilleta solo consigues que la
mancha sea más grande. Ya en el baño intentas limpiarla con jabón y agua y
mientras lo haces, te prometes a ti misma, que si no te llama a lo largo del
día, te irás. Dejarás todo y comenzarás una nueva vida. En ese pueblo costero
en el que veraneabas. Podrías alquilar una casita. De una planta solo. Para ti
sola es suficiente. Que esté cerca de la playa, o mejor aún, con acceso
directo.
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