Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

1 feb 2014

CRISIS



Cierras el grifo, te envuelves con la toalla y sales de la ducha. Te quedas quieta unos segundos sobre la alfombrilla del baño. Y te alejas unos pasos solo para ver cómo queda desde el otro lado de la mampara, el corazón que acabas de dibujar con el dedo mojado en el cristal ahumado y que además has atravesado con una flecha que va desde la inicial de tu nombre a la suya. Al ver la estupidez supina que has hecho te acercas otra vez al cristal y sobre el corazón dibujas un seis y un cuatro...

Miras el móvil que se está cargando en el lavabo. No hay ninguna llamada, ningún mensaje, ningún whatsapp. ¡Maldito!

Te miras al espejo. Ya no te reconoces si no es con al menos una fina capa de maquillaje. Y un poquito de colorete. Y la raya. ¡Hombre! la raya hay que llevarla sí o sí.  Eso de salir con “la cara lavá”, mira, eso ya es para otras, las que vienen detrás, uff, qué fea expresión, piensas, sobretodo porque la has pensado tú. Porque hasta hace poco, eras la que venías detrás… ¿y qué pasó? ¿Cuándo adelantaste a todas? 

Miras de nuevo el móvil para ver si en el icono del whatsapp hay una estrellita roja que te indique que hay un nuevo mensaje. Jodida estrellita roja… ¡ni atisbo de ella!

Regresas al espejo. Te levantas los pómulos, te alargas ambas sienes con las dos manos, te estiras el cuello hacia abajo. Cómo se llamaba eso… ¿ácido hialurónico? 

Miras otra vez el móvil. Estrella roja-cero, furia-uno. No vuelvo a salir con un cliente, te dices. Y encima hoy tengo que enseñar su piso.  ¿Hay cobertura? parece que sí, pero por si acaso te paseas hasta la ventana del dormitorio con el móvil alzado y haciendo amplios giros con el brazo que lo sostiene. Vuelves al baño sin estrellita y ves como el corazón dibujado en el cristal va escurriéndose gota tras gota por la mampara. Miras el móvil. Estrella roja-cero, llegas tarde-uno. Sacudes la cabeza y acabas de maquillarte. Adiós arrugas, calendarios y tíos que no llaman.

Para no perder tiempo, optas por un clásico: traje negro. Si el cliente es mujer, te da un toque de seriedad  y si es hombre, un look sexy. La camisa de seda. No se ciñe pero transparenta ligeramente el sujetador caro que llevas. Antes de salir una última miradita en el espejo. Bien. Una última miradita al móvil. Mal.

–He vendido el piso de Enric.

–¡Enhorabuena, Lola! Aunque te quedaste sin nidito de amor…

–Pero gané mi comisión. Y ahora tengo el motivo perfecto para llamarle, ¿no?

–Pero tía, te ha salido redondo. Polvo y comisión. No te podrás quejar. Eso sí, ahora que ya le has vendido el piso… olvídate de él. Es un gilipollas.

–No sé porqué te cae tan mal.

–Es un gilipollas.

–Es encantador.

–Ya.

–Me lo paso genial con él.

– ¡Ya! Y mucho menor que tú. Y seguro que sale con otras.

–Eso no lo sabes. Y qué tiene que ver la edad. ¡No me mires así! Aparenta más.  También salgo yo con otros.

– ¡Ya! Pero es que a ti te gusta, eso es lo peor de todo. Es un niño malcriado. Está muy bueno, pero malcriado. Pásame la ensalada. ¿Hoy comenzamos otra vez la dieta?

– ¡Claro! Es lunes. Hoy empezamos. No está malcriado. Se ha hecho a sí mismo…

–Otra coca zero, por favor. A sí mismo, con el dinero y en la empresa de papá.

–A mí otra. Pero es él quien lleva la empresa adelante. Y tiene una personalidad arrolladora…

–Es un egocéntrico.

–Y puedes hablar con él de lo que quieras.

–Mira, en eso te doy la razón. Hablar, habla por los codos, le encanta escucharse y sabe de todo… ¡El es el más listo!

–¡Ay Vilka! estoy harta de todo esto, de verdad. De Enric, de los tíos en general, de la inmobiliaria, del coche, de la hora punta…

–Ya.  A mí me pasa lo mismo: el día a día, Luís, los nenes…entiéndeme, no es que…

–Ya, ya…de la ciudad, de…

–No. Yo de la ciudad, no. No podría vivir en otra. Me encanta. Y ya tenemos nuestra vida aquí, pero tú, que siempre has querido irte…

–Ya.

–Quizás ha llegado el momento. Nada te ata en realidad. Te podrías ir a algún sitio diferente. ¿No te encantaba ese pueblo de la playa? No me acuerdo del nombre… buscarte un trabajo sin mucho estrés, vivirías de puta madre. Calidad de vida, que se dice ahora.

–Ya. Lo que sale en las películas. Vivir en una casita blanca de una sola planta, con una valla azul, el jardín con acceso directo a la playa, convivir con la gente del pueblo…

–Buaah ¿te imaginas…?

–Y además una playa salvaje,  nada de que esté atestada de gente, ¿verdad?

–Sigo con hambre.

–Y yo. Ojalá me pudiera ir. Pero luego las cosas no son tan fáciles.

–Solo hay que dar el paso.

–La verdad es que lo he pensado muchas veces…  pero tal vez me haya vuelto de ciudad como tú. Y esos pueblos son deprimentes en invierno. Ni un alma por las calles. El clima húmedo. Sin familia ni amigos.

–Ya los buscarías, con el trato del día a día, en el trabajo…

–Quizás antes… pero ahora, es mucho más difícil hacer amigos.  Y encontrar un trabajo allí… si aquí hay paro, allí ni te cuento.

–Es cuestión de intentarlo.

–Y si no sale bien… Volver. Qué fracaso. Hay que ser realista, Vilka…

–O valiente, Lola, valiente… a lo mejor hay que echarle huevos…

–Le llamo.

– ¿A quién?

– ¿A quién va a ser? ¿De qué estamos hablando?

–De irte a vivir a la playa… ¿no?

– ¡Buah!

– ¡Ah, ya! Tú misma.


Llegas a la oficina. Tienes mucho papeleo por hacer. Abres el correo y el primer email es de Enric.

“Escuché tu mensaje. No pude atenderte, estaba en una reunión y tenía el móvil en silencio. Genial lo del piso. Dime cómo hacemos para formalizar la venta. Espero que no se alargue mucho, me lo quiero quitar de encima cuanto antes…
  Lola… Siento haber estado tan distanciado. Soy un caso perdido, perdóname,  pero ya te advertí que estaba pasando por momentos muy estresantes en la empresa.  Gracias por tu paciencia. Prometo compensarte este fin de semana. Esta noche te llamo y hablamos tranquilamente.
Aunque no he hablado contigo, no he dejado de pensar en ti.

Enric.


Suspiras y cuando lo haces piensas en el día, no muy lejano, en que pondrás su foto sobre tu escritorio. Pero ¿qué te está pasando? Suspiras. Años sin querer una relación y en apenas un mes que conociste a Enric, el corazón de esta mañana y ahora el marquito con su foto… 

Reenvías el correo a Vilka. Te mira sonriendo… «Bueno, a ver si resulta que se ha enamorado de verdad…»

No llegas al desayuno con Vilka. Demasiado vino, demasiada charla, demasiado amor… No cabía todo en una noche. Era inevitable llegar tarde. Hoy te has visto guapa cuando te has levantado, y más después de la ducha y si cabe, aún más después de arreglarte. El día se hace cortísimo. Ventas-cero, Estrellitas-diez.

Llevas unas semanas fatal. No se vende nada. Ni alquileres. Debes captar más pisos. Ampliar la cartera de exclusividades. Seleccionas en el mapa una zona más y empiezas a hacer búsquedas por internet.

Suena la alerta del móvil y ves una estrella en el icono del whatsapp. Te ha llegado un mensaje de Enric:

“Si puedes salir pronto, podríamos cenar juntos. Yo por hoy, he terminado”

Qué suerte tienen algunos… Pues yo hoy tengo para rato… Mientras estás apuntando las casas que visitarás mañana, recibes otro mensaje:

 “¿Llevas puesto hoy ese traje negro tan sexy ???”

¡Como si los pisos se vendieran solos por llevar el traje…!

A los cinco minutos, revisando la agenda del outlook, te llega otro:

 Tengo ganas de verte… y quitártelo”

Silencias el móvil y sigues trabajando.

Después de una hora, te estiras levantando los brazos y cruzándolos detrás de tu cabeza, te descalzas y te pregunta Vilka por Enric.

–Está un poco pesaíto…    

– ¿Ahora está pesao? Tía, no hay quién te entienda. Si no te hace caso porque no te hace caso y si te lo hace…

–No, hombre, no digo eso. Pero es que estoy trabajando. Que parece que él es el único que trabaja, y cuando no lo hace se pensará que el resto tampoco…

–No le veo yo a este trabando mucho…

–Lo que pasa es que no quiero ir tan rápido. Además es mucho más joven que yo… Y a veces lo noto… ya sabes, la diferencia de edad al principio no importa, pero luego…

–Pero si la diferencia de edad ¡no importaba!

–Y no importa… mucho.

–Y era encantador.

–Bueno… es muy majo.

–Y tenía una personalidad arrolladora.

–A veces me pone la cabeza como un bombo.

– ¡Y emprendedor!

–Trabaja en la empresa de su padre tampoco es que...

–Ya.

–Me gusta… pero me gustaría que fuese un poco más… maduro.
-
Lola... Necesitas un cambio de aires pero ya.

Es jueves y todavía no sabes si tendrás planes para el fin de semana. Llevas toda la semana sin hablar con Enric. Ni llamadas, ni mensajes. De todas formas mañana  le verás en la notaría. Si no tienes noticias de él hoy, va a ser muy incómodo verle.

– ¿No has dormido bien?  Estás horrorosa.

–Gracias.

–De nada. Han retrasado la hora de la firma del piso de Gabin Montero. Procura dormir y 
estar guapa. Está cañón. ¡Y viudo!

– ¿Gabin Montero? Mañana solo tengo la firma de Enric.

–Pues eso. Solo que Enric no es el titular del piso. Esta mañana he recibido la nota simple. El piso es del padre, él es el titular. ¿No lo sabías?



Está en la barra del restaurante. Desde la mesa puedes ver como otras mujeres le miran. Vilka tenía razón. Es un hombre muy atractivo. Enric será así dentro de veinte años. Ha sido un día muy intenso. Habéis salido pronto de la Notaría. Todo el importe de la venta del piso ha ido a parar a un cheque nominativo a nombre de Enric Montero. Se casará pronto con su novia de toda la vida, te ha dicho Gabin. Solo que le está costando dar el paso. Será mi regalo de boda. Luego te ha invitado a comer y la comida se ha convertido en una larga sobremesa y finalmente en cena. No habéis parado de hablar, tú especialmente. Primero de los pisos, de la crisis inmobiliaria, de la economía, luego de la empresa de él y los quebraderos de cabeza que le da. No paro de trabajar. Apenas tengo vida social. Me he vuelto una persona apática e introvertida, aunque hoy no lo parezca. Hacía mucho tiempo que no pasaba un día tan excepcional como el de hoy. Te ha dicho mientras ha rozado su mano con la tuya. Luego ha pasado a un plano más personal. Te ha contado que se casó muy pronto. Lo duro que fue cuando murió su mujer. Y criar a Enric solo.  Que le mimó demasiado. Y que aún lo sigue haciendo mientras señala el sobre con el cheque. Tú le has contado la intención de dejar todo y comenzar una nueva vida en otra parte. Una ciudad más tranquila. Un pueblo costero, en el que veraneabas de pequeña. Lo conoce. Él también ha veraneado allí, puede que hasta hayáis coincidido sin saberlo y eso os ha hecho reír. El te ha animado a irte si realmente es lo que quieres. Incluso te ha dado varios contactos que te podrían ayudar a conseguir un trabajo. Pero antes de levantarse para ir a pagar la cuenta, te ha dicho que espera que no, que no te vayas, que le haces sentir como si tuviera diez años menos, que le gustaría seguir viéndote.

La cabeza te da vueltas, ya metida en la cama. No sabes si es por el vino de la cena, si es por haberte enterado que Enric se va a casar, o por el beso que te ha dado Gabin cuando se ha despedido en el coche. Supones que por la mezcla de todo. Te sientes traicionada por Enric pero también sientes que le has traicionado y encima con su padre. Gabin. Es maduro, atractivo, interesante. Quizás es la persona que te conviene. Podrías enamorarte de él sin duda. Quizás lo estés ya un poco. Qué desastre. Es insoportable esta situación. Tienes que hacer un cambio radical a tu vida. Te vas a ir. Aprovecharás la ayuda de Gabin y te irás de la ciudad. Empezarás una nueva vida. En la playa. En un pueblo pequeño, donde todo es más simple. Irte y dejar todo. Irte. Está decidido. Mañana mismo empezarás a moverte. Y con ese 
firme propósito, convencida, te has quedado dormida.


Estás en racha. Acabas de formalizar la venta de otro. Desde la firma del piso de Gabin has vendido seis más. Este trimestre vas a llegar a objetivos de sobra. Miras el móvil y ni un mensaje. Se iba con su novia el fin de semana pero te llamaría hoy, te lo prometió. Todavía es pronto. Vas a comer con Vilka.

– ¿Crees que le debo llamar?

–NO.

–Dos ensaladas y dos coca-colas zero, por favor. O le mando un whatsapp…

–NO.

–No pasa nada por llamarle… como una amiga llamaría a un amigo.

–NO.

–Y preguntarle qué tal, que qué tal le ha ido el fin de semana.

–Claro… Y que te cuente con todo lujo de detalles lo que ha hecho con su novia. Ya sabes lo que opino de este tipo de relaciones. No sigas. Lo vas a pasar mal. De verdad. 

–Ya.

–Hoy me voy antes. Tengo que llevar a los niños a un cumpleaños, acercar a Luis al taller y luego hacer la compra. Te juro que a veces lo dejaría todo y me iría lejos…
 
–Ya. Yo también. Algún día lo haré. Estoy tan harta de todo…

–Ya.


Y seguís comiendo la ensalada sin hablar. Te ha caído mayonesa en la chaqueta del traje negro y por mucho que restriegas con la servilleta solo consigues que la mancha sea más grande. Ya en el baño intentas limpiarla con jabón y agua y mientras lo haces, te prometes a ti misma, que si no te llama a lo largo del día, te irás. Dejarás todo y comenzarás una nueva vida. En ese pueblo costero en el que veraneabas. Podrías alquilar una casita. De una planta solo. Para ti sola es suficiente. Que esté cerca de la playa, o mejor aún, con acceso directo.       

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