Gracias por visitar mi blog! Aquí encontraréis todos los relatos que últimamente he escrito. Espero que os gusten. Los hay autobiográficos, anecdóticos, ficticios y humorísticos... Todos y cada uno de ellos ya forman parte de mi mundo, real o no. Bienvenidos.

7 jun 2011

QUERIDO DIARIO

23 de diciembre

Hoy me ha tocado la lotería.  Carmen, Lola y yo siempre compartimos un décimo en Navidad. No solemos comprar lotería normalmente, no somos de esas, pero por llevar algo como se suele decir, cada año y sólo en Navidad compramos un décimo a pachas: “El décimo de las viudas”, lo llamamos.  Este año me tocó comprarlo a mí. Lo hice una tarde que paseaba por Diego de León, haciendo tiempo, antes de la sesión de Quimio. Pasé por un quiosco de apuestas y leí, “YA TENEMOS LOTERÍA DE NAVIDAD” y lo compré, el 28140.  
De eso, hace casi dos meses. Hoy por la mañana cuando salía del hospital tras la sesión, vi como un grupo de gente estaba concentrada en el quiosco. Se mostraban alegres, reían mientras brindaban con champán y volvían a agitar y descorchar más botellas mojando a todos los de alrededor. Incluso había un par de cámaras de televisión grabando toda aquella algarabía. En cambio yo, me sentía tan mal, que al ver a toda aquella gente tan feliz, me dieron ganas de vomitar, lo cual me hizo sentirme más patética aún. Paré al primer taxi que pasó. Apenas arrancó, el semáforo se puso en rojo. Mientras, parados volví a mirar a ese grupo de personas que sin conocerlas ya odiaba y antes de reanudar la marcha pude leer un cartel que rezaba en el gran ventanal del quiosco: “GORDO DE NAVIDAD AQUÍ: 28140”.
La sorpresa me provocó otra una arcada aunque sabía que no vomitaría, nunca llego a vomitar. No me podía creer que tenía el décimo premiado, nada más y nada menos que 300.000€. Rebusqué en mi bolso, saqué la cartera y lo extraje entre tickets de compras y calendarios de vírgenes. Allí estaba: el 28140. Vi que el taxista me miraba por el retrovisor. Lo guardé inmediatamente.
Cuando me apeé del taxi, antes de subir a casa, me pasé por la panadería como hago siempre. Y como siempre, allí estaban Lola y Carmen. Pedí mi media barra de pan y cuando fui a pagar me dio tanto miedo que alguien viera el décimo que se lo  dejé a deber. Son muchos años ya. No hubo problemas. Ángeles me preguntó: “Adela ¡cuánta prisa tienes hoy! ¿No te habrá tocado el gordo y te vas por ahí a celebrarlo?”  Le dije que no, que yo ya tenía bastante con lo que me había tocado a mí. “Pues hoy tienes mejor cara, Adela” me dijo Lola mientras Carmen asentía. Quería irme cuanto antes, casi saliendo de la panadería, Ángeles me llamó. Me volví con miedo, pensando que algo, algún gesto me había delatado. “Feliz Navidad, hermosa” y me ofreció una fruta escarchada de las que tanto me gustaban. “Con la quimio no puedo tomar dulces pero gracias de todas formas” Y me fui dándoles la espalda tan pronto como pude.

24 de Diciembre
Todavía no sé porqué no se lo dije a Carmen y a Lola lo del décimo premiado. Sé que les pertenece tanto como a mí. Son mis mejores amigas desde hace tanto tiempo... Estoy muy nerviosa. He llamado a mis sobrinos. Les he dicho que no contaran conmigo para esta noche, que no me encuentro bien. Y es verdad, no me apetece hacer nada. Además no estoy segura de decirles lo del décimo y con este estado de nervios, seguro que les haría sospechar. No me extrañaría que quisieran sacar tajada del asunto. Mejor me quedo en casa y pienso detenidamente qué es lo que voy a hacer. Mañana se lo diré a Carmen y a Lola. Les diré que no se los dije antes porque sencillamente no comprobé el número hasta entonces.
Iré al banco mañana por la mañana. Bueno, mañana es Navidad. Iré el día 26. Tampoco quiero que toda la gente lo sepa, Lola lo casca todo, así que cuanto más tarde se lo diga, mejor. Me voy a acostar ya, estoy muy cansada, maldita quimio… a ver si acabo ya el ciclo. Seguro que podré curarme con 100.000€, hoy en día se compra todo con dinero pero ¿y si el tratamiento costase más? ¿Y si cuesta 300.000€? Antes de avisar a las chicas, hablaré con mi oncóloga, ella sabrá decirme cuando puede costar más o menos.

25 de diciembre
Hoy no he querido salir. No he ido a la comida de la asociación. No me apetece ver a nadie. Menos a Lola y a Carmen. Yo creo que sospechan algo. Hoy ha venido Carmen a buscarme para lo de la comida, cuando le he dicho que no iba, ha insistido demasiado. Luego ha venido Lola. Me ha dicho que debemos pasar ese día juntas. Que no me puedo quedar en casa, que tengo que animarme… Estaba rara, desde la puerta, se ponía de puntillas para ver el interior de la casa. ¿Qué se creerá? ¿Qué tengo el décimo en el mueble de la entradita? La he cerrado la puerta casi en sus narices. Nunca me ha gustado la gente cotilla. ¿Lo sabrán?

26 de diciembre
Hoy han venido Lola y Carmen a casa, las dos juntas. Me han dicho que estaban preocupadas por mí. Querían saber qué me pasaba, incluso me querían acompañar al hospital. “Y después del hospital, podemos ir a comer juntas y luego de compras, como en los viejos tiempos” me han dicho. Está claro que saben algo. No me quieren dejar sola ni a sol ni a sombra…
No me las he quitado de encima hasta que he prometido llamarlas en cuanto llegara del hospital. No me quiero quedar con su dinero, son mis amigas, pero solo quiero, antes de decírselo, cuánto cuesta el tratamiento. Así es como los ricos vencen al cáncer: Pagando. Es mejor que hoy no coja un taxi para ir al hospital, podrían sospechar. Cogeré el circular aunque tarde más.

27 de diciembre
Ayer acabé con el ciclo de la quimio. No pude hablar con la oncóloga. Está de vacaciones y no vendrá hasta después de reyes. Me han dado cita para entonces, veré con ella como ha ido este ciclo y será cuando le pregunte lo del tratamiento.

28 de diciembre
Hoy no hay nada digno que contar. Los efectos secundarios de la Quimio me han tenido la mayor parte del día en la cama. Carmen y Lola me han llamado al móvil y luego se han presentado en casa. No las he abierto. Les he dicho que se fueran desde el pasillo.

30 de diciembre
Sigo igual. Mis sobrinos me han llamado. Les he dicho que no voy a ir a la cena de mañana.

31 de diciembre
Han venido mis sobrinos a buscarme. Daban tantos golpes que he tenido que abrirles la puerta. Gracias a Dios, me empiezo a sentir mejor. Los efectos secundarios van desapareciendo. Han hablado con Lola y con Carmen, por lo visto todos están preocupados por mí. Estoy segura que ahora ya lo saben todos, sino de qué tanta insistencia. Les he echado. No quiero saber nada de ellos. Sólo quieren el décimo. Y yo sólo quiero curarme y que me dejen en paz.
1 de enero
Hoy es año Nuevo. Pero para mí es muy viejo, como mi cuerpo que ya no funciona. Ya no tengo náuseas pero sigo cansada.

2 de enero
Hoy me siento mucho mejor. He dedicado el día a limpiar la casa, y a pensar qué hare con el resto del dinero que me quede después del tratamiento. Hasta he cantado mientras cocinaba, como antes. Hacía mucho tiempo que no cocinaba. ¡Y que no cantaba!

3 de enero
En cuanto hable con la Oncóloga,  repartiré el décimo. Le diré a las chicas, que se me olvidó por completo, le echaré la culpa al dichoso cáncer. Con los kilos que he perdido y sin pelo, ¿quién dudaría de mí? Algo bueno tenía que tener esto, ¿no? Al menos para descargar culpas…

4 de enero
Tengo muchas ganas de volver al hospital. Espero que los controles sean favorables. Después del tratamiento he pensado en unas largas vacaciones. Siempre habíamos dicho, Carmen, Lola y yo, de ir al mar Muerto, de vacaciones, pero sin hacer mucho turismo, sólo ir al balneario. Dicen que sus aguas regeneran y rejuvenecen el cuerpo y seguro que también el alma.

5 de enero
He ido a buscar unos catálogos de vacaciones a la agencia de Viajes. Me he tomado un café con Carmen y Lola, la verdad es que estaban muy preocupadas. Les he pedido perdón por el comportamiento que he tenido con ellas en los últimos días —La quimio…— les he dicho, —calla, calla, todo olvidado, hija, pero ábrete más, déjate ayudar, mujer…— Me han insistido las dos. Son unos soles.

6 de enero
He ido a ver a los hijos de mis sobrinos. Les  he llevado los regalos que los Reyes han dejado en mi casa.  Es un día mágico, desde luego. Después del tratamiento y el viaje a Jordania, si me sobra dinero, quizás me los lleve a Euro Disney.

7 de enero
He elegido el programa del Mar Muerto: la estancia más larga en uno de los mejores Balnearios. Claro que también es el más caro, pero ¿para qué está el dinero, sino para gastarlo?

8 de enero
Sigo con la lista. He decidido hacer una excentricidad. Voy a encargar un vestido de fiesta de alta costura. A Roberto Cavalli, el que viste a la Princesa Leticia, ¡Qué vestidos! ¡Qué colores! ¡Qué elegancia! No sé cuando me lo voy a poner, quizás un día que vaya a la ópera o al teatro. ¡Qué ganas de volver! Eso sí, lo haré cuando me crezca el pelo, nada de pelucas. Mañana voy al hospital. Crucemos los dedos.

9 de enero
Esta mañana fui al hospital. Mi oncóloga ya me esperaba. Nada más sentarnos me miró a los ojos y me dijo que no tenía buenas noticias. Que el ciclo no había funcionado y que el cáncer estaba extendido, que lo sentía muchísimo. —Podemos recurrir a la quimioterapia paliativa; con ella podrás vivir hasta cinco meses más, quizás seis—.

He cortado con el hospital, no volveré nunca más. No pienso volver a darme ninguna sesión de quimioterapia para que me regalen cinco meses de mierda, quizás seis.


9 de Noviembre
Hoy vuelvo a escribir. Cuando rompí con el hospital, rompí con el cáncer y con todo lo que se relacionara con el cáncer, incluido este diario que describía las esperanzas rotas. Sin embargo, en el último momento lo eché a la maleta, no sé porqué. Cuando la deshice, lo guardé en un cajón y no he vuelto a cogerlo hasta hoy. Apenas tengo tiempo para escribir, pues no paramos de hacer cosas. Me he prometido, que voy a seguir escribiendo y más ahora que tengo que contar sobre la VIDA, LA MÍA.

10 de Noviembre
Te escribo en un ratito que tengo libre. Hoy no hemos parado. Lola, Carmen y yo hemos ido al mar, como todas las mañanas, para darnos un baño de sales minerales. Después hemos ido a la Sauna termal y esta tarde nos han dado un masaje Vichy. Ahora vamos a cenar con los asturianos que conocimos la semana pasada. Uno de ellos es todo un caballero… Me atrae mucho.
¿Sabes? Si no me estalla (porque he engordado como cinco kilos desde que me lo hicieron) me voy a poner el Cavalli. Lola me dice que lo guarde para otra ocasión. ¿Qué mejor ocasión qué esta?— le he preguntado mientras me cepillaba el pelo y le guiñaba un ojo a través del espejo.  


 

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